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Wednesday, June 27, 2007

La Antardida Chilena.

La rebeliòn de los lectores...

1a. Parte
La rebelión de los lectores, la clave de nuestro siglo

Uno de los sitios recurrentes para los turistas en Europa son sus catedrales góticas. Los espacios góticos, tan diferente a los románicos de siglos anteriores, nos suelen impresionar por la sutileza de su estética, algo que comparten con la antigua arquitectura del pasado imperio árabe. Quizás lo que más pasa inadvertido es la razón de los relieves en sus fachadas. Aunque la Biblia condena la costumbre de representar figuras humanas, éstas abundan en las piedras, en los muros y en los vitrales. La razón es, antes que estética, simbólica y narrativa.

En una cultura de analfabetos, la oralidad era el sustento de la comunicación, de la historia y del control social. Aunque el cristianismo estaba basado en las Escrituras, escritos era lo que menos abundaba. Al igual que en nuestra cultura actual, el poder social se construía sobre la cultura escrita, mientras que las clases trabajadoras debían resignarse a escuchar. Los libros no sólo eran piezas casi originales, escasas, sino que estaban cuidados con celo por quienes administraban el poder político y la política de Dios. La escritura y la lectura eran casi un patrimonio de la nobleza; escuchar y obedecer era función del vulgo. Es decir, la nobleza siempre fue noble porque el vulgo era muy vulgar. Razón por la cual el vulgo, analfabeto, asistía cada domingo a escuchar al sacerdote leer e interpretar los textos sagrados a su antojo —al antojo oficial— y confirmar la verdad de estas interpretaciones en otro tipo de interpretación visual: los íconos y los relieves que ilustraban la historia sagrada sobre los muros de piedra.

La cultura oral de la Edad Media comienza a cambiar en ese momento que llamamos Humanismo y que más comúnmente se enseña como Renacimiento. La demanda de textos escritos se acelera mucho antes que Johannes Gutenberg inventara la imprenta en 1450. De hecho, Gutenberg no inventó la imprenta, sino una técnica de piezas móviles que aceleraba aún más este proceso de reproducción de textos y masificación de lectores. El invento fue una respuesta técnica a una necesidad histórica. Este es el siglo de la emigración de los académicos turcos y griegos a Italia, de los viajes de los europeos a Medio Oriente sin la ceguera de una nueva cruzada. Quizás, también es el momento en que la cultura occidental y cristiana gira hacia el humanismo que sobrevive hoy mientras la cultura islámica, que se había caracterizado por este mismo humanismo y por la pluralidad del conocimiento no religioso, hace un giro inverso, reaccionario.

El siglo siguiente, el XVI, será el siglo de la Reforma protestante. Aunque siglos más tarde se convertiría en una fuerza conservadora, su nacimiento —como el nacimiento de toda religión— surge de una rebelión contra la autoridad. En este caso, contra la autoridad del Vaticano. No es Lutero, sin embargo, el primero en ejercitar esta rebelión sino los mismos humanistas católicos que estaban disconformes y decepcionados con las arbitrariedades del poder político de la iglesia. Esta disconformidad se justificó por la corrupción del Vaticano, pero es más probable que la diferencia radicase en una nueva forma de percibir un antiguo orden teocrático.

El protestantismo, como lo dice su palabra, es —fue— una respuesta desobediente a un poder establecido. Una de sus particularidades fue la radicalización de la cultura escrita sobre la cultura oral, la independencia del lector en lugar del escucha obediente. No sólo se cuestionó la perfección de la Vulgata, traducción al latín de los textos sagrados, sino que se trasladó la autoridad del sermón a la lectura directa, o casi directa, del texto sagrado que había sido traducido a lenguas vulgares, a las lenguas del pueblo. El uso de una lengua muerta como el latín confirmaba el hermetismo elitista de la religión (la filosofía y las ciencias abandonarían este uso mucho antes). A partir de este momento, la tradición oral del catolicismo irá perdiendo fuerza y autoridad. Tendrá, sin embargo, varios renacimientos, especialmente en la España de Franco. El profesor de ética José Luís Aranguren, por ejemplo, quien hiciera algunas observaciones progresistas de la historia, no estuvo libre de la fuerte tradición que lo rodeaba. En Catolicismo y protestantismo como formas de existencia fue explícito: "el cristianismo no debe ser 'lector' sino 'oyente' de la Palabra, y 'oírla' es tanto como 'vivirla'" (1952).

Podemos entender que la cultura de la oralidad y la obediencia tuvieron un revival con la invención de la radio y de la televisión. Recordemos que la radio fue el instrumento principal de los nazis en la Alemania de la preguerra. También lo fueron, aunque en menor medida, el cine y otras técnicas del espectáculo. Casi nadie había leído ese mediocre librito llamado Mein Kampf (su título original era Contra la Mentira, la Estupidez y la Cobardía) pero todos participaron de la explosión mediática que se produjo con la expansión de la radio. Durante todo el siglo XX, el cine primero y después la televisión fueron los canales omnipresentes de la cultura norteamericana. Por ellos, no sólo se modeló una estética sino, a través de ésta, una ética y una ideología, la ideología capitalista.

En gran medida, podemos considerar el siglo XX como una regresión a la cultura de las catedrales: la oralidad y el uso de la imagen como medios de narrar la historia, el presente y el futuro. Los informativos, más que informadores han sido y siguen siendo aún formadores de opinión, verdaderos púlpitos —en la forma y en el contenido— que describen e interpretan una realidad difícil de cuestionar. La idea de la cámara objetiva es casi incontestable, como en la Edad Media nadie o pocos se oponían a la verdadera existencia de demonios e historias fantásticas representadas en las piedras de las catedrales.

En una sociedad donde los gobiernos dependen del respaldo popular, la creación y manipulación de la opinión pública es más importante y debe ser más sofisticada que en una burda dictadura. Es por esta razón por la cual los informativos de televisión se han convertido en un campo de batalla donde sólo una de las partes está armada. Si las armas principales en esta guerra son los canales de radio y televisión, sus municiones son los ideoléxicos. Por ejemplo, el ideoléxico radical, que se encuentra valorado negativamente, siempre se debe aplicar, por asociación y repetición, al adversario. Lo paradójico, es que se condena el pensamiento radical —todo pensamiento serio es radical— al tiempo que se promueve una acción radical contra ese supuesto radicalismo. Es decir, se estigmatiza a los críticos que van más allá de un pensamiento políticamente correcto cuando éstos señalan la violencia de una acción radical, como puede serlo una guerra, un golpe de estado, la militarización de una sociedad, etc. En las pasadas dictaduras de nuestra América, por ejemplo, la costumbre era perseguir y asesinar a todo periodista, sacerdote, activista o gremialista identificados como radicales. Protestar o tirar piedras era propio de radicales; torturar y asesinar de forma sistemática era el principal recurso de los moderados. Hoy en día, en todo el mundo, los discursos oficiales hablan de radicales cuando se refieren a todo aquel que no concuerda con la ideología oficial.

Nada en la historia es casual, aunque sus causas están más en el futuro que en el pasado. No es casualidad que hoy estamos entrando a una nueva era de la cultura escrita que es, en gran medida, el instrumento principal de la desobediencia intelectual de los pueblos. Dos siglos atrás lectura significaba dictado de cátedra o sermón de púlpito; hoy es lo contrario: leer significa un esfuerzo de interpretación, y un texto ya no es sólo una escritura sino cualquier trama simbólica de la realidad que transmite y oculta valores y significados.

Una de las principales plataformas físicas de esa nueva actitud es Internet, y su procedimiento consiste en comenzar a reescribir la historia al margen de los tradicionales medios de imposición visual. Su caos es sólo aparente. Aunque Internet también incluye imágenes y sonidos, éstas ya no son productos que se reciben sino símbolos que se buscan y se producen como en un ejercicio de lectura.

A medida que los poderes económicos, las corporaciones de todo tipo, pierden el monopolio de la producción de obras de arte —como el cine— o la producción de ese otro género de ficción de pupitre, el sermón diario donde se administra el significado de la realidad, los llamado informativos, los individuos y los pueblos comienzan a tomar una conciencia más crítica que, naturalmente es una conciencia desobediente. Quizás en un futuro, incluso, estemos hablando del El fin de los imperios nacionales y la ineficacia de la fuerza militar. Esta nueva cultura lleva a una inversión progresiva del control social: el control de arriba hacia abajo se convierte en el más democrático control de abajo hacia arriba. Los llamados gobiernos democráticos y las dictaduras de viejo estilo no toleran esto porque sean democráticos o benevolentes sino porque no les conviene la censura directa de un proceso que es imparable. Sólo pueden limitarse a reaccionar y demorar lo más posible, recurriendo al viejo recurso de la violencia física, el derrumbe de sus imperios sectarios.

Autor: Jorge Majfud. Escritor uruguayo (1969). Graduado arquitecto de la Universidad de la República del Uruguay, fue profesor de diseño y matemáticas en distintas instituciones de su país y en el exterior. En el 2003 abandonó sus profesiones anteriores para dedicarse exclusivamente a la escritura y a la investigación. En la actualidad ensaña Literatura Latinoamericana en The University of Georgia, Estados Unidos.


Disciplina, autoridad y malestar en la escuela


Mirta Lidia SánchezDocente-investigadora, Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

A partir de la modernidad, la infancia se constituye escolarmente, mediante una relación de poder instituida en un ámbito, la escuela, que se crea para brindar un tratamiento adecuado a los niños. Narodoswky (1994)


El ideario de la pedagogía moderna se proponía homogeneizar a la población y brindar igualdad de oportunidades a todos, pero estos ideales resultan difíciles de cumplir porque el sistema social produce desigualdades que la escuela no salva. Las críticas y descontentos referidos a la educación son frecuentes en la actualidad, también dentro de las escuelas el malestar de docentes y alumnos ocupa buena parte de la actividad educativa y puede entenderse como síntoma del contexto socio-histórico actual y también como una característica propia del funcionamiento institucional.

El modelo de la globalización de la economía y de los valores tiene como consecuencia la marginalidad y exclusión de un número importante de personas, haciendo evidente una dolorosa desigualdad. Al respecto Duschatzky y Corea (2002) optan por el concepto de "expulsión social" para hacer visible el acto de expulsar, como un movimiento que produce el sistema, que en su dialéctica precisa de integrados y expulsados. El neoliberalismo tiene sus efectos en la educación, al respecto Da Silva (1995) advierte cómo se vale de un discurso proveniente del campo empresarial al que es difícil no adherir como: la búsqueda de la excelencia, la eficiencia, y la calidad de la educación. Paralelamente se descalifica al sistema educacional público, culpabilizando a los docentes que pasan a ser los responsables, quedando de ese modo el poder económico político absuelto de su responsabilidad.

Las escuelas, sobre todo aquellas a las que concurren niños de los sectores más desfavorecidos, reciben múltiples demandas que ponen en cuestión el para qué de su función. Las prácticas docentes están social e históricamente construidas, no son individuales ni aisladas, por lo tanto es necesario que maestros y profesores analicen su proceder y puedan desnaturalizar el saber cotidiano. Según McLaren (1990), mediante la reflexión autocrítica estarían mejor preparados para elegir, teniendo en cuenta en qué grado son liberadores u opresivos.

El malestar en la escuela

En El malestar en la cultura1 Freud plantea que una de las características de la organización de la sociedad humana es ser productora de malestar. La civilización se apoya en la renuncia pulsional que supone la no satisfacción, la postergación o la represión de las pulsiones. Siguiendo esa idea, Ulloa (1995) habla del "síndrome de violentación institucional", pues considera que para pertenecer a una institución es necesario dejar de lado o limitar los propios deseos para instituir un proyecto común.

Las escuelas, como toda institución, son generadoras de malestar, pensarlas sin conflictos es ilusorio, los alumnos y docentes van con ideales, ilusiones e intereses que muchas veces son incompatibles. El docente va a enseñar pero no siempre el alumno va a aprender, muchas veces dicen: "Vengo a la escuela porque me mandan", "Lo más lindo de la escuela es el recreo", "Me gusta la escuela porque me encuentro con mis amigos"

Los años escolares suelen concebirse como pasaje para acceder a la sociedad de los adultos, tanto que muchos niños y adolescentes se ven restringidos casi exclusivamente al rol de alumnos. La maquinaria escolar tiende a establecer una exageración de ese rol observando, registrando, calificando y estigmatizando: "no puede", "no sabe", "no obedece", "es indisciplinado", "tiene mala conducta".

Más allá de diversas cuestiones relacionadas con condiciones de trabajo y escaso salario, para los docentes uno de los motivos de malestar se refiere al comportamiento de los alumnos: "Es difícil motivarlos para el aprendizaje". "Se tratan muy mal entre compañeros, se agreden física y verbalmente". "Faltan el respeto no reconocen la autoridad".

La representación de niños y adolescentes ávidos de aprender todo lo que les enseñan y proceden sin molestar, sin "problemas de conducta", conforman un ideal que la realidad desmiente.

El malestar en el docente puede producir actitudes de aislamiento que, cuando es excesivo, ocasiona efectos nocivos, uno de los cuales es la pérdida de "funcionalidad" (Ulloa, 1995). Otro es la dificultad de formar equipos de trabajo que genera una superposición (todos hacen lo mismo), desaprovechándose los esfuerzos.

La transformación en un funcionario implica que el docente torne su trabajo en rutinario, repetitivo, falto de creatividad y deseo. Esta actitud repercute en los alumnos con diversos efectos. Entre el que se destaca, según (Souto 2000), la "ficción pedagógica" consistente en un como sí: como sí se transmitieran conocimientos por parte del docente y un como sí se aprendiera por parte de los alumnos. El docente puede quedar atrapado en el malestar si sostiene como ideal cumplir con todo lo que se le demanda, pero también podría tener un aspecto transformador si lo conduce a interrogarse sobre su deseo, su función y sus prácticas.

Autoridad y disciplina

Hace unos años estaba garantizado que el lugar del docente era el del saber y el poder, ahora, muchas veces, la autoridad del docente no es reconocida por los alumnos.

La autoridad y el poder están estrechamente relacionados, siendo ambos componentes de las relaciones de individuos y grupos. Para Bourdieu y Passeron la acción pedagógica se vale de relaciones de fuerza para imponer representaciones que se hallan al servicio de la clase dominante, constituyendo una forma de violencia simbólica. La autoridad pedagógica se presenta como un derecho de imposición legítimo de quien educa, por lo que está necesariamente implicada en la acción pedagógica. Foucault (1975) denominó a la escuela junto con las fábricas, hospitales y cárceles instituciones de secuestro, atribuyéndoles un tipo de poder donde la disciplina se considera fundamental. En ellas, además de órdenes, se toma el derecho de enjuiciar, castigar o recompensar a sus miembros, siendo algunos aceptados y otros expulsados. La vigilancia, el control y la corrección son característicos de las relaciones de poder que existen en esas instituciones.

Hasta hace unos años podría decirse que padres y docentes personificaban para el alumno la autoridad conferida por la sociedad. Últimamente, tanto docentes como padres plantean que sus alumnos o hijos no los respetan, manifestando su impotencia para transmitir las enseñanzas y directivas correspondientes. A veces, algunos docentes temen caer en posiciones autoritarias confundiendo autoritarismo con autoridad. Sin embargo el autoritarismo se manifiesta como defecto en el ejercicio del poder, pues se basa en un poder arbitrario donde alguien se erige en el lugar de la Ley. El docente autoritario sitúa su práctica en el eje dominación-omnipotencia, es decir, intenta dirigir esperando solo sumisión y obediencia, desconociendo al alumno en su alteridad. Uno de los recursos más utilizado por un docente autoritario suele ser la intimidación que puede generar tanto, miedo a la sanción disciplinaria, a repetir de grado, como por el contrario, generar ira, desobediencias o actos de violencia.

También el que "deja hacer", porque no se puede constituir como autoridad es promotor de situaciones de desorden, apatía y violencia. El exceso de permisividad cuando no se toma en cuenta una ley que organice lugares, marque diferencias, pueda llevar a naturalizar cualquier situación. Tanto la posición laissez faire como la autoritaria obstaculizan la constitución de un sujeto autónomo y responsable.

La puesta de límites para favorecer el aprendizaje pasa a ocupar un lugar central, que deriva en excesos e insuficiencias y conduce a la cuestión de la disciplina. La palabra disciplina tiene un doble significado estrechamente vinculado a lo educativo. Hace referencia tanto a las áreas del conocimiento, como a las reglas que mantienen el orden y la obediencia. Un aspecto positivo de esta acepción relaciona la disciplina con una forma de autodominio, que permite a un sujeto conducirse de tal manera que alcance sus metas a pesar de los obstáculos. Alude al esfuerzo, al trabajo, a la constancia que son necesarios asumir, para apropiarse de los conocimientos. En su aspecto negativo la disciplina se orienta más a enseñar a obedecer que a ayudar a reflexionar. Tanto en la familia como en la escuela la prohibición, la censura y el castigo suelen ser los métodos pedagógicos privilegiados.

Ante una situación en la que el docente decida sancionar, sería importante diferenciar entre un mero castigo y una acción que pudiera tener una finalidad educativa. La urgencia en tomar una medida disciplinaria, la creencia en el castigo ejemplificador, puede tener efectos indeseados. ¿Por qué no tomarse un poco de tiempo para evaluar la situación? Dar lugar a la duda aceptando la incertidumbre que provocan las situaciones complejas posibilita también reflexionar, con otros, sobre diferentes alternativas de solución.

En muchas ocasiones los docentes se sienten impotentes y desamparados, considerando que su tarea no está respaldada, ya sea desde el propio sistema educativo o por falta de acompañamiento de la familia de los alumnos. Sienten que deben soportar en soledad la relación con padres y alumnos que presentan problemas, percibiéndose sobrecargados en múltiples tareas y exigencias. Otra tensión se produce cuando los docentes ponen el acento en el aspecto instructivo de educar y pretenden ajustarse estrictamente a contenidos curriculares, sin tener en cuenta a sus alumnos reales. Se provoca un abismo entre lo que creen que deben enseñar y lo que realmente pueden llevar a cabo, desconociendo lo importante del aspecto formativo de su función.

Bibliografía
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BOURDIEU, Pierre, y WACQUANT, Loic (1995): Respuestas. Por una antropología reflexiva. México D.F., Grijalbo.
CULLEN, Carlos (1996): Autonomía moral, participación democrática y cuidado del otro. Buenos Aires, Novedades Educativas.
DA SILVA, Tadeus (1995): "El proyecto educacional moderno: ¿identidad terminal?", en Revista Propuesta Educativa, n.º 1. Diciembre. Buenos Aires, Miño y Dávila.
DUSCHATZKY, Silvia, y COREA, Cristina (2001): Chicos en banda. Buenos Aires, Paidós.
FREUD, Sigmund (1929): El malestar en la cultura. Obras Completas .T. XXI. Buenos Aires, edición 1991, Amorrortu.
FOUCAULT, Michel (1974): "5.ª Conferencia", en La verdad y sus formas jurídicas. Barcelona, edición 1995, Gedisa. (1975): Vigilar y castigar. Edición 1999, México, D.F., Siglo XXI. NARODOWSKI, Mariano (1994): Infancia y poder. Buenos Aires, AIQUE.
MACLAREN, Peter (1990): Pedagogía crítica, resistencia cultural y la producción del deseo. Buenos Aires, Aique.
MARTÍN-BARÓ, Ignacio, y BLANCO, Amalio (1998): Psicología de la liberación. Madrid, Trotta.
SÁNCHEZ, Mirta (2005): "La mirada de docentes y alumnos sobre la violencia en la escuela", en Violencia y escuela. Buenos Aires, AIQUE.SOUTO, Marta (2000): Las formaciones grupales en la escuela. Buenos Aires, Paidós Educador.
ULLOA, Fernando (1995): "Violencia institucional", en Revista del Colegio de Psicólogos de la Pcia. de Buenos Aires, n.º 2, octubre.
VAN HAECHT, Annne (1998): La escuela va a examen. Madrid, Biblos.
Notas
1 Freud Sigmund: El malestar en la cultura


La escuela que necesitamos

Francisca Lanail: Profesora de Castellano y Literatura por la Universidad Nacional del Comahue; ex Directora de la Escuela de Educación Técnica nº 1 de General Roca, Río Negro, Argentina.

En este ensayo me referiré solamente a aquellas instituciones que trabajan con adolescentes. En especial, haré hincapié en la etapa que va desde los 12-13 años a los 17-18. Es en este segmento donde más agudamente se viven los conflictos educacionales y en el que los choques generacionales y sociales se manifiestan con más fuerza. Intentaré describir la institución escolar, el mundo en que está inserta y el desfasaje entre ambos. Finalmente, analizaremos algunas propuestas para mejorar la educación de nuestros jóvenes.

Habitantes del continente del futuro.

2a. Parte.

¿Cuál es hoy la función de la escuela?

Otrora, la institución que claramente delimitaba el campo del bien y del mal, de lo permitido y de lo no permitido, de lo aceptado y de lo repudiado socialmente en la formación de los jóvenes era la familia. Hoy en día, por razones que escapan a este ensayo, la familia ha dejado de cumplir, o cumple muy precariamente, esa función.

Una parte de la misma ha sido traspasada silenciosamente a las instituciones escolares. La organización y el funcionamiento de las mismas se adaptaron a las nuevas necesidades de la sociedad de los adultos y, de hecho, se crearon condiciones negativas para la transmisión de conocimiento y la formación de hábitos de trabajo y estudio en los niños y jóvenes. Concretamente, la docencia fue suplantada por la contención y la asistencia.

Fuera y dentro de la institución escolar

Paralelamente al debilitamiento de la familia y al cambio de función de las instituciones escolares, el mundo ha adquirido algunas características que sin duda también afectan la labor docente. La organización social actual se caracteriza, entre otras cosas, por la distribución masiva de la información, por el desafío creativo, por la gran movilidad económica y social, por el vasto uso de la tecnología, por la facilidad para el intercambio de ideas y por la necesidad de trabajar en equipos de individualidades muy sólidamente formadas.

Estos rasgos de la sociedad actual facilitan la consolidación de un nuevo modo de aprender: sin roles fijos; sin ámbitos cerrados ni horarios determinados; valorativo de la creatividad intelectual, del espíritu emprendedor y de la adquisición de las capacidades cognitivas complejas que aseguren el saber que, el saber hacer y el ser de los individuos. Una de las particularidades de este proceso de aprendizaje es que parte casi siempre del interés del aprendiz y puede ser bastante solitario y diverso, al menos en una etapa. Esta nueva forma de aprender tiene un importante número de adeptos, sobre todo entre los jóvenes.

Las instituciones educativas tienen organizadas sus tareas en una forma diametralmente opuesta. La escuela actual mantiene roles fijos, espacios y tiempos rígidamente determinados; es rutinaria y memorística, no es polémica ni creativa ni emprendedora; sacraliza lo homogéneo y castiga lo heterogéneo; se desentiende, salvo casos excepcionales, del saber hacer y del ser; le impone al aprendiz qué debe saber y cuándo y cómo lo debe aprender; por último, es ruidosa e inútilmente multitudinaria.

Las consecuencias de esta disparidad son fácilmente observables con sólo permanecer una mañana en una institución educativa: el fracaso académico, la violencia en las relaciones y la insatisfacción institucional resumen una multitud de conflictos

El perfil del egresado

Hoy en día la educación necesita formar un ciudadano activo, en condiciones de obtener el dato para convertirlo en información útil e incidir con él en la transformación de la realidad. Es un rasgo del perfil de este egresado el uso de su libertad y criterio propio y la posibilidad de acceder a campos más amplios que sus mayores en conocimientos y trabajo. En realidad, es un ser capaz de avizorar y apropiarse de todos aquellos cambios que sean pertinentes para su desarrollo intelectual y laboral. De la rapidez de adaptación a estos cambios depende su supervivencia.

El Mundo

La nueva cultura

¿A qué llamo”la nueva cultura”?

Dicho en una forma simplificada y lisa, la nueva cultura se caracteriza, en lo pertinente para esta discusión, por la distribución masiva de la información, por el desafío creativo, por la gran movilidad económica y social, por el vasto uso de la tecnología, por la facilidad para el intercambio de ideas y por la necesidad de trabajar en equipos de individualidades muy sólidamente formadas. Una sociedad moldeada en tales términos es compleja y no se deja esquematizar fácilmente.

La información es tan masiva que cuesta no enredarse en ella y para ser utilizada requiere de habilidades que no están presentes en todos los hombres; el desafío creativo lleva a una competitividad muy despiadada; la movilidad es tanto para arriba como para abajo; el intercambio intelectual presupone arduos compromisos y postergaciones; el trabajo en equipo no es nada fácil, justamente debido a las fuertes individualidades que exige.

El cruce de disciplinas es la fuerza motora de la actividad humana en el mundo actual. Luego, son de suma importancia en la formación de los hombres y mujeres:

1) la valoración de puntos de vista distintos para enriquecer la visión, para crecer en sabiduría;

2) el hábito de realizar los esfuerzos necesarios por entender y valorar la opinión del otro cuanto más distinta a la nuestra sea;

3) el hacer hincapié en aprender a escuchar, más que en hacernos escuchar y

4) el privilegiar a quien refute nuestras creencias porque nos ayudará a no equivocarnos.

En realidad, el secreto del éxito en las relaciones humanas parece ser la negociación y el acuerdo mutuamente conveniente.

Los cambios más notables

Trataré de presentar, en forma simplificada, aquellos cambios que más han afectado a las instituciones escolares.

La información
Uno de los rasgos más salientes de este momento es el libre acceso a la información. Los datos y la información que antes permanecían en cotos cerrados hoy se despliegan entre el común de las gentes.


Creatividad y conocimiento
El problema hoy en día no es acceder a la información como en otra época. El gran reto es estructurar la información que nos va llegando sobre aquellos temas que nos interesan. Aunque seamos muy selectivos según sea nuestra personalidad, cultura, e intereses, debemos ser capaces, no de memorizar, sino de organizar toda la información que nos llega, comprenderla y utilizarla para la acción o para generar nuevos conocimientos.


Nuevas formas de aprender
Hay otro fenómeno que interesa directamente a las instituciones educativas. Es la forma de abordar los aprendizajes que se está imponiendo en nuestros jóvenes. Hoy los textos tienen una característica que podríamos bautizar como “navegabilidad”. No es un rasgo menor ya que desde un texto es posible saltar al universo textual con la conveniente posibilidad de retornar al primero si hiciera falta. Nada más antirutinario y desordenador que esta forma de aprender. Es más, tiene el grave problema de dispersar y disparar hacia no se sabe dónde al aprendiz. Por eso la labor docente, lejos de desaparecer, es necesaria pero distinta.


La sociedad

Aceleración en los cambios

Otro de los aspectos destacables de este nuevo mundo es el vertiginoso cambio en cuanto a conocimientos, tecnología, comunicación y accesibilidad a la cultura. Es muy difícil mantenerse al día en cualquier disciplina, sobre todo si se dejó transcurrir un tiempo sin hacerse cargo de las novedades.

Por otra parte, la revolución tecnológica llevó al desarrollo de muchas habilidades en las que los adultos, por edad y formación, difícilmente puedan competir con los jóvenes.


Lo notable de la situación es que un rasgo, la adaptabilidad a los cambios, es el que marca una diferenciación cada vez mayor.

Jerarquización de la sociedad

Estos acelerados cambios produjeron la obsolescencia de relaciones establecidas que tenían que ver con una jerarquía de otras épocas.

La transmisión de los conocimientos, con anterioridad a estos cambios, estaba basada en una estructura jerárquica y en un protocolo muy institucionalizado; pero en este momento el que puede enseñar no es sólo el que estaba en el vértice de la pirámide, sino que cualquier persona se convierte en poseedor y transmisor de conocimiento, inclusive los alumnos y los que otrora permanecían en la base de la pirámide.

Movilidad social

Los modos tradicionales con los que los jóvenes se insertaban en el campo laboral se han hecho trizas. Hoy en día se privilegian tanto los conocimientos y la creatividad con valor práctico como las habilidades para conducir equipos de trabajo y resolver problemas, el empuje y perseverancia para lograr las metas propuestas, la astucia e inteligencia en las confrontaciones, la capacidad de análisis y razonamiento.

Aceptación de la heterogeneidad

Una vieja tendencia educativa nos ha llevado a valorar la homogeneidad antes que la disparidad de actitudes, valores, creencias, modas y métodos. Justamente esa búsqueda de homogeneidad es lo que se ha revelado como carente de riqueza y poco propicia para el desarrollo de las personas. Lo cierto es que cada vez más la sociedad es proclive a aceptar, sin juzgar demasiado, lo “distinto” y a partir del estudio tratar de aprender de lo nuevo.

Las nuevas generaciones pronto aprendieron que de la diversidad nace la riqueza y el conocimiento.

El trabajo

Equipo
Dada la riqueza y sutileza de las cuestiones planteadas en las diversas ciencias y actividades económicas no es posible pensar en un individuo que conozca todo y encare la solución de los problemas cual dios griego. El intercambio de puntos de vista enriquece la visión de cada integrante de los equipos de trabajo; con ello se aprende y se cometen menos errores en las hipótesis de trabajo. Esta necesidad de trabajar en equipos hace que el estudioso valore la opinión disidente, aprenda a escuchar y realice esfuerzos para entender.


Individual y solitario
Todo lo dicho no contradice la formación de sólidas individualidades acostumbradas al estudio solitario y esforzado. La adquisición de ciertas habilidades intelectuales y manuales necesarias para participar productivamente en un equipo requiere del entrenamiento intensivo. Y éste suele ser individual. Recién una vez adquiridos importantes conocimientos y capacidades la persona está en condiciones de formar parte de los equipos de trabajo.


La Institución

Desprestigio
Si bien algunas encuestas la reconocían hasta hace poco como una de las instituciones con más credibilidad y los discursos de políticos y sindicalistas de todos los colores incluyen su defensa, a la hora de las verdades nos encontramos con una sociedad que actúa como si la escuela fuera la más desprestigiada de las instituciones.
Y esta última afirmación no se refiere a gobernantes y políticos solamente. Involucra a los padres, a los alumnos y a los propios docentes.


Padres
Los padres aceptan de buen grado una actitud flexible en lo que se refiere a su trabajo, relación de pareja y amistades; pero exigen una escuela que mantenga el rigor y la obediencia en sus hijos. Lo que sobre todo agradecen a la escuela es la contención que ésta realiza del joven manteniéndolo “entre cuatro paredes” protegido de enemigos tenebrosos. También es notable el desprecio que manifiestan por los conocimientos a la hora de defender a sus hijos ante un aplazo o cuando repiten el curso. En esos casos no vacilan en desautorizar a quien sea con tal de evitar la pérdida


Jóvenes
Por otra parte, los jóvenes toman a manos llenas toda la libertad que les posibilita esta nueva visión del mundo fuera de la institución educativa. Adquieren destrezas importantes en aquellos terrenos que resultan de su interés y no es raro verlos realizar ingentes esfuerzos para lograr ciertos éxitos valorados entre sus pares. Sin embargo, en sus conductas escolares aparecen la falta de interés, el facilismo, las actividades lúdicas escapistas, el abandono personal, la falta de contracción al trabajo, la irresponsabilidad, la mentira.


Hay, y no son pocos, los que rápidamente descubren, y así lo manifiestan, que no hace falta concurrir a una institución educativa para aprender lo que ellos quieren saber. En lo que respecta a la valoración de las instituciones educativas basta con recordar las técnicas de copiado en exámenes, la poca inquietud por aprobar las materias, las faltas de respeto al personal y a las instituciones escolares, los desmanes en sus fiestas, los daños ocasionados a los pupitres y edificios escolares.

Desgraciadamente muchos jóvenes utilizan las instituciones educativas para “pasarla bien” sin tener que asumir responsabilidades ni compromisos que por otra parte el sistema educativo no le plantea con coherencia.

Docentes
Por último veamos a los docentes. Cada vez se exige menos saber académico en la formación del docente.


Muy poco efectivo puede ser el trabajo realizado en el aula con una carga horaria de cuarenta y tantas horas semanales y con una población de más de treinta y cinco alumnos por curso por atender. Es sabido que el porcentaje de inasistencia docente ronda el 30% de las horas a dictarse y que en un porcentaje muy significativo los docentes aceptan dictar cátedras para las que no están preparados académicamente.
Este panorama refleja, más que ninguna declaración, la opinión de los docentes sobre la función de la escuela.

Organización
Docentes y alumnos supeditados rígidamente a la organización


En realidad las estrategias administrativas y legales de las instituciones educativas están orientadas a satisfacer el cumplimiento de las rutinas superficiales que tienden a asegurar la escolaridad más que a crear las condiciones adecuadas para que los alumnos aprendan.
La organización es tal que asegura el horario de entrada y de salida, los recambios de profesores, dar la cantidad de horas asignadas a cada disciplina, que los docentes puedan trabajar en varias instituciones, cumplir con la responsabilidad administrativa de informar quiénes aprueban y quiénes no y otras semejantes. De ninguna forma se busca crear las condiciones óptimas para el proceso de enseñanza-aprendizaje ya que la estructuración es rígida e inamovible.


Relaciones de aprendizaje

Homogeneidad vs. Heterogeneidad
La amplitud, la permisividad social no se instaló en las instituciones educativas que, si bien resultan tolerantes con peinados raros, cabellos verdes o respuestas insolentes, para nada lo son en lo que respecta a su función pedagógica. El modo de establecer las relaciones pedagógicas es rígido, esquemático, con jerarquías que no condicen con la realidad, con metas que no son del interés de nadie, sin espacios para la creatividad ni para la manifestación de las distintas personalidades.


Desinterés por las individualidades
Consecuencia de la homogeneización es la anulación de las individualidades: ni docentes ni alumnos tienen individualidad. Así es como se pierde la posibilidad de movilizar al alumno con la presentación de una diversidad que lo obligue a elegir, a componer, a asociar, a disentir, a opinar, a proponer. No se establece una relación con cada alumno, sino que se da clase al montón.
Tampoco la institución escolar se preocupa por qué quiere, qué busca, qué necesita el docente. Esto es, la institución y las autoridades tratan a los docentes como si fueran un cuerpo monolítico.


Ausencia de diálogo, ausencia de proceso
No hay creatividad, la actividad está fosilizada, falta libertad, se valora casi excluyentemente la homogeneización, se ignoran las individualidades. Todo esto lleva inevitablemente a la falta de diálogo y, por lo tanto, a la ausencia de proceso. Lo que se ha matado es el proceso de aprendizaje. El docente está solo detrás del escritorio y el alumno solo delante del escritorio.


Líderes y equipos de trabajo
Una de las carencias más pronunciadas de nuestras escuelas es la falta de líderes estudiantiles y de equipos de trabajo. Al cercenar las posibilidades de mostrarse como diferentes a los demás, los líderes sólo se desarrollan en la parte no oficial de las instituciones.


Están los jóvenes que lideran las “barritas” que se concentran en desmanes o perturbaciones de clases y en enfrentamientos con otras “barritas”. Pero no hay mecanismos para encauzar algunas naturales dotes de dirigentes hacia el trabajo en equipo de los alumnos.

La antartida, continente blanco.

3a. Parte

Imaginemos

¿Cómo debiera ser el lugar para enseñar y aprender?

Imaginemos en primer lugar, un espacio amplio y cálido, colmado de libros, películas, música, revistas, enciclopedias digitales, software de todo tipo, pinturas, esculturas, instrumentos musicales, elementos para deportes. No nos olvidemos de una buena cantidad de computadoras conectadas a Internet. Es decir, un espacio que forme parte del mundo, aunque se halle acotado para un fin específico: la enseñanza. En ese espacio los docentes y los alumnos deben poder disponer de todo el tiempo necesario para hacer uso de estos materiales y para construir un diálogo fecundo de transmisión y adquisición de conocimientos, habilidades y experiencias. Los momentos y los tiempos se darán según la necesidad del trabajo.

Pero lo más importante del lugar es que pueda construirse en él un clima de trabajo serio y gratificante. Sobre todo, es necesario construir una relación exenta de violencia, de imposiciones y de enfrentamiento. Es muy importante eliminar los encajonamientos externos; sí es positivo y deseable establecer mediante acuerdos los límites, las obligaciones y los derechos de los docentes, los alumnos, los padres y los funcionarios.

Las escuelas deben ir perdiendo el aspecto de lugar de encierro que han ido adquiriendo con los años. Simplemente porque hay que lograr que el alumno esté en la institución porque quiera estar no porque esté obligado.

Cuatro Instrumentos

Ahora bien, si tuviéramos el lugar apropiado, ¿qué más podríamos hacer? Necesitamos cuatro instrumentos transformadores:

1) determinar una única función de la escuela: favorecer el proceso de enseñanza-aprendizaje;
2) flexibilizar la organización institucional otorgando mayor libertad a sus miembros para ir consolidando la autogestión;
3) consolidar las autonomías de las instituciones permitiéndoles diferenciarse entre sí;
4) propugnar una relación docente-alumno más abierta y sincera; más exigente ya que expone a ambos a las consecuencias de sus errores; más de persona a persona y no de persona a grupo y que favorezca la recuperación de la autoridad pedagógica.


Entonces, ya estamos en condiciones de realizar la tarea para la que hemos sido formados y los docentes podemos revertir la situación justamente tomando los conflictos y dándolos vuelta a nuestro favor.

Revertir los conflictos

Abundancia de información: aprovechar su democratización

Los datos al alcance de todos le quitan al docente el papel privilegiado de “poseedor y transmisor” de conocimientos que hasta hace poco ostentaba. Sin embargo, desde la escuela desperdiciamos la posibilidad de que todos se responsabilicen de la tarea de aportar la información, no sólo el dato, que ayude a consolidar el conocimiento.

Libertad del aprendiz: explotarla en favor del aprendizaje

Gracias a la posibilidad de estudiar solo por Internet, en revistas, en libros, por cable, etc., el joven retoma la oportunidad y dirección de su formación. No depende de lo que le quieran enseñar en la escuela, busca movido por su interés. Lo notable es que ese interés suele auto alimentarse por su propia satisfacción. También es una oportunidad para el docente valerse de esta auto motivación para lograr, partiendo de ella, llegar al conocimiento institucionalizado.

Nuevas habilidades informáticas: intercambiar roles

Internet es la mayor base de datos conocida hasta ahora. En este terreno los jóvenes han adquirido una capacidad mayor que sus docentes. Si los docentes se decidieran a tomar el papel de alumnos e incitar a “sus alumnos” a que tomen el de docentes en la enseñanza de estas nuevas habilidades podrían dar lugar a una inédita experiencia docente que seguramente los enriquecería a todos. El desafío es utilizar al máximo todos los recursos informáticos como instrumentos idóneos para la adquisición de conocimientos.

Valores generacionales distintos: lograr que convivan

El estudio, el respeto a las reglas, el espíritu de grupo, pero también el individualismo y la fe en un mañana mejor son particularidades detectadas en los jóvenes que no siempre se manifiestan en las instituciones educativas. Esto ocurre porque en esos ambientes no se permite la exposición de las individualidades ni se admiten los criterios propios de los jóvenes.

Revertir esta situación, darle un espacio ordenado al joven, hacerlo sentir partícipe de la tarea pedagógica puede hacer que la relación se enriquezca y cambie de confrontación a trabajo en común.

Post Scriptum

Cuando hayamos caminado, aunque sea un poco, por estos senderos, seguramente tendremos que sentarnos a pensar qué está mal, qué debemos cuidar, qué no debemos volver a hacer, qué nos atrevemos a hacer, qué tendríamos que haber hecho. Nos guste o no las instituciones escolares son como los buques en alta mar. Hay que solucionar los problemas mientras navegamos. Yo diría que, por suerte ocurre así; si no fuera así algún trasnochado funcionario cerraría las escuelas por un año y elaboraría un pormenorizado plan de reestructuración para poner en marcha al año siguiente.

La educación en ibero América: retos y oportunidades.


Francisco Piñón Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI).

Comenzamos el siglo XXI con la conciencia de encontrarnos en medio de un cambio de época, con las enormes posibilidades que la revolución científica y tecnológica brinda para el desarrollo de la humanidad, que permite ir delineando la nueva sociedad hacia la que vamos avanzando (la sociedad del conocimiento).


Así como nos permite saber que disponemos de los recursos (económicos y tecnológicos) para erradicar el hambre y la pobreza extrema del planeta, también sabemos que faltan las decisiones políticas, económicas y sociales para construir, entre todos, un desarrollo más igualitario.

La mencionada revolución científica y tecnológica transformó las comunicaciones al punto tal que cambió las nociones de espacio y de distancia. Sin embargo, poco hizo todavía para cambiar la geografía del hambre y la exclusión.

En un "cambio de época" como el que estamos viviendo, marcado por la densidad tecnológica y por su capacidad para atravesar nuestros ámbitos de acción y hacerse presente en nuestra cotidianeidad, Ibero América se encuentra con oportunidades que debemos comprender, anticipar y aprovechar.

Las oportunidades se nos presentan, como suele ocurrir en estos casos, en escenarios que encierran también una fuerte carga de incertidumbre y de riesgos.
Estas oportunidades son nuevos espacios de acción que se abren, en principio, por esa densidad tecnológica y por lo que ella genera al impactar sobre los procesos sociales e históricos.


Podemos decir que esta irrupción produce una ruptura, una fractura histórica cuyas consecuencias tienen que ver con aquello que algunos especialistas han denominado "historia larga".


Ahora bien, estas oportunidades no son sólo producto de la densidad tecnológica, son oportunidades que están también vinculadas a la iniciativa política. Oportunidades vinculadas con nuestra capacidad de influir en la conformación de un "orden" diferente tanto a nivel nacional como internacional.

Se trata de la aparición de nuevos espacios de acción y de pensamiento que tienen, a mi entender, múltiples causas, de las que quiero mencionar cuatro:

el tránsito hacia una sociedad del conocimiento como el que estamos viviendo. Con todo lo que este cambio societal representa y lo que ello significa en cuanto a una fractura sistémica;

el debilitamiento del pensamiento único y el fracaso de la teoría del derrame;

una nueva convergencia temática en las agendas de los mandatarios iberoamericanos. Fundamentalmente en lo que respecta a la reducción de la pobreza y la exclusión social;

el fortalecimiento institucional de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, lo que debe traducirse en una consolidación del "espacio cultural común".

Estas son oportunidades para llevar adelante una tarea conjunta, un esfuerzo mancomunado en el que sea posible responder a las necesidades de nuestra América Latina, particularmente a aquellas vinculadas con los altos niveles de iniquidad, exclusión y polarización social.

Son oportunidades, también, para recoger y valorar el papel estratégico que desempeña la inversión en educación y en investigación, ciencia y tecnología.

Ambas forman parte del núcleo de inversiones estratégicas que la región necesita incrementar para cerrar una parte de las brechas sociales y para proyectarse hacia un futuro donde el conocimiento se constituye en una de las fuerzas impulsoras del desarrollo.

Este planteo reconoce antecedentes como la Conferencia de Jomtien o la Cumbre del Milenio, se encuentra plasmado en documentos de diferentes organismos e instituciones regionales y, está recogido en las Cumbres y Conferencias Iberoamericanas.

Los iberoamericanos, decía, en este tránsito hacia una sociedad del conocimiento, necesitamos perfeccionar y profundizar nuestras democracias; continuar transitando la senda del crecimiento, pero de un crecimiento que sea sostenible y distributivo a la vez. América Latina está ingresando al siglo XXI más desigual y con una fuerte polarización social. Ya no es posible repetir experiencias de crecimiento sin equidad y de desarrollo sin justicia social.

Particularmente cuando la iniquidad y la exclusión se ven exacerbadas por el carácter selectivo y diferencial de la difusión tecnológica, lo que compromete doblemente el futuro de nuestras sociedades.

En este momento de cambios, de transformaciones sistémicas, se nos presentan oportunidades que pueden ser únicas. Es un momento en el que se han renovado y multiplicado las ideas y las prácticas. Un momento en el que podemos encontrar nuevos espacios para pensar y actuar. Un momento en el que Ibero América puede ser un lugar privilegiado para generar el sentido de un futuro compartido.

Un sentido para el que la educación cumple una función central: la de crear las condiciones para que nuestros jóvenes tengan las herramientas necesarias para transformar el escenario cultural, social, político y económico.

Es cierto que no todo depende de la educación y que son igualmente necesarias las oportunidades de empleo, de integración social y de participación política de las que dispongan las nuevas generaciones. Pero la educación es uno de los factores centrales para poder aprovechar estas oportunidades.

Ibero América se presenta así como un bloque geo-cultural en donde podemos ampliar nuestras capacidades de acción. Los bloques regionales se proyectan como actores significativos del siglo XXI, frente a Estados Nacionales que se ven interpelados tanto por instancias globales, como por reivindicaciones locales.

Buena parte de aquellas instancias que mantienen la desigualdad -dado el carácter concentrado y desterritorializado del poder económico- lo hacen actuando a nivel global.

Ante semejante escala, el impacto que produce su accionar no puede resolverse únicamente apelando a acciones distributivas de nivel local. Se requiere de un fortalecimiento de la instancia nacional-estatal, y ello puede lograrse potenciando nuestra capacidad de acción coordinada a nivel regional.

La Comunidad Iberoamericana de Naciones nos ofrece así un espacio de acción privilegiado para sumar propuestas y potenciar nuestras fortalezas.

Promover el diálogo y el consenso dentro de marcos amplios y a nivel regional sobre lo educativo constituye así un punto de partida para identificar los nudos críticos, para valorar los esfuerzos realizados, para analizar los grandes retos de las políticas educativas y aportar nuevas ideas para la acción.

El canje de deuda por inversión en educación -en donde la iniciativa española ha dado muestra de su compromiso con el tema- los programas de formación docente y la conformación de un espacio iberoamericano del conocimiento se mueven en este sentido, buscando aprovechar las oportunidades que hoy se nos presentan y multiplicando nuestras capacidades de acción y cooperación.

Los esfuerzos realizados durante los últimos años en materia educativa han significado cambios importantes para los sistemas de la región.

Las reformas curriculares y las transformaciones organizativas y pedagógicas han tenido su traducción en mayores porcentajes de escolarización.

Estos esfuerzos han significado una extensión de los años de obligatoriedad de la educación básica y un crecimiento de la atención a la educación inicial; han permitido la instalación de sistemas de evaluación de la calidad; fomentado el desarrollo de sistemas de capacitación y actualización docente y; promovido la descentralización y la delegación de responsabilidades y competencias a nivel de las escuelas, entre otros.

Pero los esfuerzos realizados no han podido, en muchas ocasiones, revertir situaciones de pobreza y exclusión que las economías incrementaron a gran velocidad. Situaciones y procesos de fragmentación social que han subvertido las características de los destinatarios de la acción educativa.

Los nuevos contextos sociales y culturales nos remiten así, muchas veces, a sujetos muy diferentes a los que la educación tradicionalmente proyectaba como meta de su acción. Una situación ante la que resulta necesario articular la educación con lo social para tener una comprensión cabal del alcance y la complejidad del fenómeno que se nos presenta.

Estas transformaciones acompañan un "cambio de época" en el que la Comunidad Iberoamericana de Naciones se presenta como un espacio propicio para que nos movamos dentro de un esquema de mayor afinidad y podamos establecer bases sólidas para multiplicar los tableros en donde desplegar nuestras acciones y hacernos presentes.

En "este cambio de época", la Comunidad Iberoamericana de Naciones nos ofrece así un "puente" vigoroso que resulta idóneo para llevar adelante políticas autónomas que nos permitan reconfigurar la instancia nacional en crisis. Políticas capaces de dar cuenta de nuestra identidad y de responder a nuestras particulares trayectorias históricas.

Vivir juntos y organizar pacíficamente las relaciones de interdependencia en las que nos hallamos inmersos es una de las tareas centrales de una política orientada a concebirnos como un todo, como la humanidad que somos y a la que pertenecemos. Su éxito dependerá de nuestra capacidad para generar condiciones de igualdad, para "comunicar a" y "comunicarnos con" los otros y para corregir las desigualdades.

Se trata de una tarea que debe tener en cuenta las necesidades de nuestras sociedades, pero que no puede limitarse a ellas. Su acción debe tender también a conformar un orden internacional más justo e igualitario en el que el respeto por la diversidad sea un eje central.

La antartida.

Artículos de Renny Yagosesky.

La Personalidad Mediocre.

A pesar de sus dificultades y momentos tensos, estoy persuadido de que la vida es una oportunidad muy especial para aprender, evolucionar y trascender. Cada día nos ofrece numerosas posibilidades con las que podemos hacer mucho, poco o nada, dependiendo de nuestro nivel de consciencia. Bien podemos dirigirnos hacia lo más alto, en busca de ideales trascendentales, o quedarnos esperando a que otros decidan lo que nos conviene, lo que debemos hacer y hasta dónde podemos llegar.


Tenemos en realidad tres caminos: El primero es un camino orientado a la calidad y a la excelencia. Es el que toman los transformadores, los visionarios, esos personajes que vemos como idealistas, dedicados a hurgar en la existencia hasta encontrar el oro que hay en cada cosa.El segundo camino es el de la rendición, el que toman los que renunciaron a la vida, los que apenas sobreviven, en parte por la desgracia que han tenido de nacer y vivir en ambientes deprimentes con pocas opciones y apoyo inexistente de gobiernos marginales, ciegos e innobles.

También, porque desconocen sus capacidades y oportunidades, lo cual los condena a vivir al ras del suelo. Aquí también se incluyen los desadaptados que no lograron adaptarse a la sociedad y quedaron desencajados, desarticulados, como piezas flotantes ajenas a los acuerdos grupales.El tercer camino es el camino de la persona mediocre. Se trata de gente que pudiendo hacerlo, ha renunciado a usar su potencial y sus recursos; Seres que se rindieron y aceptaron transar su poder a cambio de un poco de comodidad sin felicidad duradera; es la masa a la que José Ingenieros se encargó de radiografiar en su libro "El hombre mediocre".

Tener una personalidad mediocre significa, interpretando a Ingenieros: vivir en la parte mediana de la escala; conformarse con lo que no posee calidad; quedarse, esperar, imitar, acomodarse a las apariencias, anular la iniciativa, parecerse a los demás. Tener, más que voz, eco y repetir sin pensar o cuestionar, las rutinas y prejuicios que aprendió. La persona mediocre no lucha por sus sueños e ideales ni cree en la perfección; se burla de lo bello y lo romántico, experimenta con frecuencia sentimientos bajos como la envidia, es típicamente apática, vulgar y vive mentalmente en el pasado.Para superar o vencer la personalidad mediocre, para volar más alto junto a las águilas, en un espacio donde los resultados y premios son mayores y de mejor calidad, hay mucho que hacer y apenas pocos pueden hacerlo.

Es necesario revisar lo que hemos aprendido y restaurar la confianza en nosotros mismos. Creer que es posible ascender, superar, vencer, ganar. Recontactar con nuestro amor propio y con nuestro autorespeto. En ocasiones es necesario cambiar de ambientes y de relaciones, pues inevitablemente nos convertimos en aquello que vemos y oímos diariamente.La personalidad excelente, escalón superior de la personalidad mediocre, se alcanza retando el miedo, la costumbre, la flojera y el facilismo, para dejar entrar a la creatividad, el riesgo, la determinación, la voluntad y la fe.

El reto es buscar hasta encontrar lo mejor que tenemos y hacer con eso lo mejor que podemos. La motivación, debemos buscarla en los premios que obtendremos con los cambios. Conviene preguntarnos por qué abandonar lo mediocre, si la respuesta es clara y poderosa, podrás saltar a un nuevo lugar en tu existencia, distinguirte de los demás y encontrar tu destino particular, dejando de lado la rutina, la costumbre, lo mismo de siempre.Hay que levantar la mirada para ser auténticos, decidir crecer y abandonar el círculo de los perdedores y de los envidiosos, para ingresar al escenario brillante de quienes han pagado el precio.

No tengo duda alguna acerca de que la mediocridad puede enfrentarse y vencerse para siempre. Es posible y todos tenemos formas de hacerlo. No estamos condenados a ser siempre de una misma forma si no estamos contentos con ello. No tenemos por qué repetir el hábito y el lenguaje de otros. Poseemos el derecho a ser únicos sin dejar de vivir con los demás. Cuanto antes comencemos, antes llegaremos. Es la hora de soñar y lograr, pero antes, debemos sacar las manos de los bolsillos, borrarnos de la cara la sonrisa falsa y dedicarse a crear un nuevo destino.

La Decisión de Cambiar

Todo cambia


Sin importar de qué se trate, o de si nos gusta o nos disgusta, algo absolutamente cierto es que todo cambia en todo momento, por lo que eso que las cosas son el día de hoy, dejarán de serlo en alguna forma el día de mañana. Desde que Heráclito acuñó la frase: "Lo único eterno es el cambio", esa lección está vigente y es prudente e inteligente aprenderla.Es un hecho cierto que objetos, situaciones y personas, se ven sometidas de manera permanente a las imponentes fuerzas de la transformación. Esto, como evento natural, no es necesariamente un problema, salvo cuando nos sorprende y desafía; cuando nos coloca frente a situaciones incómodas o inmanejables.Muchos de los cambios que vivimos se producen sin que los notemos, pues no siempre las transformaciones que experimentamos han sido previamente planeadas y a veces ni siquiera podemos controlarlas, por lo que nos toca enfrentar las sorpresas que implican.

La resistencia

Aunque es ya un conocido cliché, los humanos somos seres de hábitos que justo por esa misma razón resistimos el cambio. Nuestra tendencia es la de quedarnos anclados en costumbres, especialmente las nos producen placer o satisfacción. Así, desarrollamos mecanismos para evitar o escapar de buena parte de las situaciones que vemos como nuevas, impredecibles o incontrolables.Frente a los cambios involuntarios, solo podemos actuar proactiva y sistémicamente, a fin de prevenir y evitar, en lo posible, las sorpresas. Parte de esto, no hay mucho por hacer.

Es posible cambiar

En cuanto a los cambios voluntarios, es decir, los que en alguna medida podemos predecir o controlar, lo primero a enfatizar es que sí es posible producir cambios en nuestra vida. Podemos crear transformaciones y ajustes notables que marquen la diferencia entre la forma como pensamos, sentimos hablamos, actuamos y vivimos ahora y en lo que podemos convertirnos con la fuerza de la inteligencia, la consciencia y la voluntad.Estos cambios voluntarios, dependen de factores internos y externos.

En lo interno, de la aptitud y de la actitud de la persona, de su capacidad para adaptarse más creativamente a las situaciones, y de su intención, determinación, deseo o ganas de crear esos cambios.

En lo externo, depende de las circunstancias culturales y ambientales de espacio y tiempo a que la persona se vea sometida.El cambio autogenerado nos lleva a revisar varios escenarios donde éste puede promoverse, producirse y sostenerse. Estos son: pensamientos, lenguaje, emociones, acciones, relaciones y ambientes.Los pensamientos o cogniciones son la puerta de entrada a una nueva manera de vivir. Por lo que detectar y suprimir pensamientos (recuerdos culposos y anticipaciones catastróficas) y creencias limitantes (sobre uno, la gente o la vida) nos aseguramos un estado emocional de mayor bienestar.

El lenguaje opera como descriptor y creador de realidad. Debe ser observado y controlado por quien desea cambiar, para evitar verbalizaciones inadecuadas, como las generalizaciones, distorsiones de la realidad, trivialidades, exageraciones y catastrofismos, entre otros actos expresivos, que tienden a generar conflictos en las relaciones y nos alejan de la satisfacción y del logro.

Los pensamientos y el lenguaje influyen dramáticamente en nuestras emociones, por lo que cada ajuste realizado en ellos, traerá modificaciones en nuestra experiencia emocional interna. Pensamientos de poder (soy capaz) aceptación (soy adecuado) de gratitud (aprecio lo que soy, hago y tengo) y optimismo (me irá bien) promueven en nosotros estados gratificantes como la confianza, la alegría y la calma, para mi, sentimientos requeridos e idóneos para el éxito verdadero.


Los cambios en las relaciones y en los ambientes, alteran la rutina de vida y nos lanzan hacia nuevos retos que serán positivos o no dependiendo de nuestra manera de abordarlos.

Algunas sugerencias a la hora de realizar cambios:

1) - Los cambios deben realizarse de manera integral.Esto significa que debemos atender varias áreas de nuestra realidad personal u organizacional: atender salud, relaciones, trabajo y dinero e interioridad, es mejor que poner toda la atención únicamente en el dinero o en las relaciones. Como un automóvil, requerimos que todos los sistemas funcionen para que el vehículo se mueva de manera estable.

2) - Los cambios deben realizarse preferiblemente uno por vez.Es más fácil controlar un cambio a la vez, en lugar de enfrentar varios cambios simultáneamente, aunque a veces la situación nos obliga a cargar varias maletas al mismo tiempo. Mudarse, divorciarse y vender el automóvil, pueden acabar con cualquiera, si todo se atiende en un sólo salto. La saturación de cambios es, por salud, una mala idea. Todos tenemos un nivel de resistencia al estrés del cambio, que es sensato conocer y respetar.

3) - Los cambios deben realizarse gradualmente.Esto a menos que la situación nos empuje u obligue, o que la persona tenga un ritmo de acción intenso como forma natural y pueda manejarlo con ninguno o con poco daño. Debemos encontrar un paso que no nos desestabilice.

4) - El cambio debe ser abordado responsablemente.Resulta infantil asumir el cambio como un chiquillo regañado. Si hay algo que hacer, busquemos el lado positivo y asumamos con madurez la decisión de movernos en otra dirección. A veces nos detenemos y aferramos a excusas que impiden o retarden el cambio. Justificarse o autoengañarse con creencias autolimitadoras, sólo genera conflictos y crisis individuales y grupales. Es necesario observarse y detectar las trampas mentales, las posturas victimistas que cierran la posibilidad al progreso, al bloquear lo novedoso, lo creativo, lo diferente.

5) - El cambio debe sostenerse.Muchos logran iniciar el cambio y pocos se sostienen hasta alcanzar la meta. Las tensiones que acompañan al cambio, pueden hacernos creer que estos son complicadores, y que debemos detenernos o retroceder. En realidad, sucede lo contrario, pues los cambios suelen ser más beneficiosos que perjudiciales, sobre todo cuando obedecen a lo planificado, o surgen como consecuencia natural de nuestro proceso evolutivo. Incluso, hay cambios que ni pueden ni deben posponerse.

Se ha dicho que sufrimos pues poseemos cierta incapacidad para aceptar las cosas como son. Nos resulta bastante difícil manejar con normalidad el cambio frecuente. Como premisa, podemos establecer que a menor resistencia al cambio, menos sufrimiento y en consecuencia, menos crisis. En algunas ocasiones, podemos beneficiamos al ofrecer resistencia a ciertos cambios que nos hubiesen perjudicado. En este caso, estaríamos hablando de una "rebeldía digna", que bien podría ser aceptable si no choca con los valores de la persona ni afecta a la colectividad.

Por fortuna, podemos aminorar el trauma derivado del hecho de tener que cambiar. Algunas técnicas de autoayuda o de intervención terapéutica que pueden ayudarnos a saltar de un lado del puente al otro, son:

- La autoobservación (vigilar la conducta para detectar y sustituir comportamientos negativos)

- La afirmación (decretar verbalmente el cambio como realizado y satisfactorio.)

- La visualización (imaginar el cambio realizado y satisfactorio.)- El modelaje (imitara quienes saben manejar las situaciones positivamente.)

- El reencuadre (interpretar positivamente situaciones o conductas personas)

- La relajación (buscar calma mental y corporal con ayuda de la respiración)- La autorevelación (expresar pensamientos y sentimientos)

- Dramatización (actuar un personaje para comprenderlo o aclararse)

- La neutralidad (evitar voluntariamente de toma de posición sobre eventos o personas)

- El perdón (aceptar comprensivamente un hecho, despenalizándolo)

- El cambio corporal (cambiar de postura corporal al hablar, caminar o movernos.)

- El anclaje (aparear dos estímulos para provocar una respuesta deseada.)

- La reestructuración cognitiva (sustituir creencias y pensamientos.)

Creo que nos convendría trabajar duro, para vencer los enemigos del cambio, tales como: el confort, el hábito, la inacción, el apego y el temor. Quizás sea este un buen momento para dar el paso. Depende de ti, de tu nivel de consciencia, disposición y flexibilidad.


Como Salir del Pasado Mental

Para superarnos necesitamos vencer limitaciones de diverso tipo. Una de ellas es la tendencia a vivir mentalmente en el pasado. Este mecanismo, es un recurso evasivo que nos impide vivir la plenitud del presente. ¿Considera que el ayer siempre será mejor? Siga leyendo.


Desde hace cerca de tres mil años, se ha difundido una información conocida como "las leyes universales". Se trata de una especie de cartilla infalible que contiene las pautas por las que algunos sabios han pensado que se rige toda criatura o cosa sobre el universo. Una de esas leyes, llamada "Ley del mentalismo", nos enseña que "todo es mente", y que todo cuanto creamos y percibimos como realidad, es producto inicial de nuestros pensamientos.

Desde nuestra mente percibimos la realidad, y elegimos que hacer y hacia donde dirigirnos. Desde nuestra mente emergen valores, creencias y pensamientos, por lo que a ella debemos lo que hemos sido, somos y seremos. Una de las posibilidades que ella tiene es ubicarnos en lo que llamaremos un "tiempo mental", es decir, desde nuestra mente, vivimos en el pasado, en el presente o en le futuro, pues allí donde esté nuestra atención y nuestra intención, es justamente donde en realidad estaremos. Y por lo que observamos y sabemos, incontables personas pasan buena parte de su vida reviviendo, lamentando o extrañando el pasado, con lo cual logran evadir el impacto de los retos y responsabilidades cotidianas, con el agravante, a veces patológico, de que dejan de vivir en el presente y mirar la vida con nuevos ojos, para permanecer atrapados mentalmente en un tiempo irrecuperable, que ya pasó.

En realidad, quedarnos en el pasado nos brinda una cierta seguridad psicológica, pues nos resguarda de lo nuevo, de lo desconocido, de aquello ante lo cual nos sentimos débiles, inseguros, incapaces o inexpertos. Pensar en lo que ya pasó, hablar de un tiempo que se ha ido, y actuar como si estuviéramos en el ayer, nos da un cierto control, pero sólo debería ser válido en lo anecdótico y no como estilo de funcionamiento permanente del ser humano saludable.

Son muchas las ocasiones en las que nos descubrimos viviendo de glorias pasadas, admirando viejas fotografías o leyendo viejas cartas. Tratando, pues, de reabrir inútilmente ciclos cerrados. En todo esto nos ayudan los hábitos, estrategia de la mente que funciona con base en la repetición, y que hace de lo reiterado una costumbre y de ésta, una necesidad. Para poder sacarle verdadero provecho a la vida hay que relacionarse con el pasado de manera diferente y aprender a vivir en el presente para crear el futuro que deseamos.

Podemos usar el pasado como referencia positiva, para recordar éxitos y usar las herramientas que funcionaron bien en aquel momento, para inspirarnos y crear nuevos y mejores triunfos, así como para madurar y no repetir los mismos errores.

Lo insano, lo inadecuado, es estancarse en lo gastado, en lo agotado, en lo disfuncional. Poco nos ayuda culparnos por errores, fracasos, rupturas, separaciones, pérdidas o accidentes. Es imperioso salir del pasado mental y aprender a vivir en el presente.

Volver al presente

La pregunta es cómo lograrlo: Es posible vivir de una manera más consciente y productiva si nos situamos más en el momento y lugar en el cual está nuestro cuerpo, si logramos mantener la conciencia en lo que pensamos, decimos y hacemos.

Una puerta de salida es prestar atención a nuestro lenguaje. Cuando hablemos, podemos observarnos y evitar la compulsión de traer recuerdos al aquí y al ahora. De ser así, debemos volver al presente rápida y voluntariamente, y hablar de lo que estamos haciendo y de lo que deseamos hacer o lograr. Si es otro quien nos hala hacia el pasado, podemos retomar el tema del presente, o decir con amabilidad y cortesía algo como: "eso ya paso" o "de eso hace mucho tiempo", como forma de redireccionar el tema hacia lo actual.

También puedes preguntarte varias veces al día ¿donde estoy mentalmente? O puedes, si deseas trabajar más a fondo la presencia de actualidad, seguir mental y vocalmente lo que haces. Si, por ejemplo, te encuentras comiendo, piensa o di en voz alta: "en este momento estoy llevando la comida a la boca"; "en este momento estoy masticando"; "en este momento estoy tragando el alimento"; "en este momento estoy bebiendo jugo", etc. Este es un poderoso ejercicio de presencia mental, practicado por iniciados en el arte del "darse cuenta". Puedes hacerlo un par de veces al día o tantas veces como lo desees, dependiendo de tu interés o del grado de perturbación que te cause el pasado.


Recordemos que la vida es evolución y que la evolución es cambio. Og Mandino, conocido escritor de autosuperación, dijo: "Hay que darse tiempo para crecer, ahora mismo". Busquemos en cada experiencia, persona o encuentro lo que nos muestra de nuevo y de creativo. Veamos lo que no hemos visto, oigamos lo que no hemos oído, sintamos lo que no hemos sentido. Esto nos permitiría vivir más motivados, menos aburridos, tal como viven los niños en un a especie de presente infinito.

Si no existieran muchos de nuestros archivos de memoria, si dejáramos de vivir en el pasado mental, se irían también muchas culpas y temores, y volveríamos a ser ingenuos y auténticos, nobles y agradecidos. No culparíamos a nadie, no odiaríamos, y seríamos personas más felices y productivas. Como dijo Ronald Hubbard, quítale a una persona sus recuerdos de sufrimiento y tendrás a un ser nuevo y claro".

Es cierto que encaminar la mente hacia el presente no es tarea fácil, aunque podemos intentarlo y vivir de cara a la vida, aceptando que lo pasado pasó y que no tiene sentido quedarse atrás. ¡Hoy puede ser un gran día! Depende de ti quedarte o fluir con lo nuevo. Siembra hoy, canta hoy, perdona hoy, abraza hoy, pues es así como podrás tener el futuro que sueñas, el cual por cierto, cuando llegue, también será hoy.

La Superación de una Crisis

A todos en algún momento, nos ha tocado vivir situaciones de crisis, en lo personal, familiar o laboral, con consecuencias económicas, emocionales o físicas desagradables. Frente a esto, podemos ocultarnos como el avestruz o movernos hacia adelante con inteligencia y consciencia en busca de soluciones productivas.


Desde muchos puntos de vista es una bendición nacer y vivir, pese a las circunstancias que por azar o mando providencial nos corresponda experimentar. Si importar nuestro de equilibrio y control de las situaciones, surgen circunstancias que nos llevan cada cierto tiempo a transitar por momentos difíciles que nos modifican de muchas formas nuestro estilo de vida. A esos momentos generalmente imprevistos e indeseados, los llamamos “tiempos de crisis”. Personas parejas, familias, empresas, países y hasta continentes los han vivido.

Aunque en el plano personal, son muchos quienes tienden a dejarse tumbar por estos huracanes temporales que nos “sacan la alfombra” y nos dejan con los pies descalzos en el piso duro y frío, hay personas que abordan los giros y dificultades con entereza y espíritu. De ellos debemos aprender todos.

Una crisis es un momento de cambio forzado en el cual nos cuesta divisar claramente rumbo y posibilidades; un espacio en nuestra vida en el que nos toca caminar cerca de la incertidumbre y la creatividad, y que nos muestra ciclos que se cierran y abren. Pueden ser momentos tensos, especialmente por nuestra insistencia en perpetuar lo que ya ha fenecido, muerto, marchitado.

Otra visión acerca de las crisis, es que son o pueden ser espacios de crecimiento personal, oportunidades de revisión, decisión y autoconocimiento; paréntesis que nos lleva a descubrir patrones mentales y emocionales que pugnan por renovarse.

Ejemplos conocidos hay muchos: Gracias a una crisis Julio Iglesias se convirtió en cantante y se convirtió luego en un súper vendedor de discos de más de 300 mi millones de copias de sus canciones. Por una crisis Stephen King nació como escritor y ahora es el autor más leído del mundo. Las crisis, escribí en mi libro El Mensaje de los Sabios, “son remedios amargos que curan”.

Cada crisis se apareja con cambios muy significativos. La muerte de un familiar, un aborto inesperado, un accidente, una noticia ingrata, pueden bastar para modificar sustancialmente la forma de vida que llevamos.

Como todo en la naturaleza, existen plazos y ritmos, por lo que debemos aclarar que las crisis no “saltan” repentinamente sobre nuestros hábitos, sino que son resultado de un proceso de acumulación o saturación del que no nos percatamos y que emerge para decirnos que se requiere modificar un hábito, dejar un trabajo, renovar una relación, mudarse a otro lugar, o reiniciar los estudios. Nos empuja a restablecer el equilibrio temporalmente perdido.

Una crisis económica puede ser una invitación a encontrarnos con nuestra verdadera vocación, a desarrollar la creatividad, a mejorar las relaciones, a cambiar de escenario laboral o a revisar la forma como gastamos, invertimos o ahorramos. Sismos de pareja revelan la necesidad de mirar de cerca aspectos bloqueados o ignorados en el vínculo o, son una invitación para decir adiós definitivamente.

Una crisis de salud puede estarnos diciendo a través del cuerpo, que estamos agotados, asustados, tensos, tristes, culpables, rabiosos o vacíos. Que hemos olvidado atender algún aspecto de nuestra naturaleza, que vamos muy de prisa, que estamos anclados en el auto abandono o que hemos olvidado el placer de vivir.

Las crisis se reconocen por el surgimiento de emociones intensas, confusión o cambios radicales en la manera de ver las cosas. También por la presencia abrumadora de situaciones inusuales e inmanejables. A veces se manifiestan en forma de apatía, inmovilidad y aparente quietud.

Muchas depresiones se ocultan tras una aparente calma.


No pocas crisis cobijan ganancias secundarias, es decir, premios ocultos de orden psicológico que o se advierten con facilidad. De forma tal que podemos crearnos una crisis como forma no consciente de llamar la atención, descansar, cambiar de vida o renunciar y rendirnos.

Creo, como los psicólogos transpersonales, que muchas de las crisis que tildamos de enfermedad o locura, son en ocasiones, etapas de transición en un proceso de evolución y crecimiento interno.

Para superar las crisis debemos aceptarlas y verlas como mensajeras del cambio; buscar y aceptar ayuda profesional si fuera necesario; encontrar la lección oculta; recordar que suelen ser tendencialmente superables; que somos responsables en alguna forma o medida en lo que nos ocurre; y que son parte normal de la vida humana. Finalmente, asumir el cambio con mayor normalidad, planificar más y mejor, y acostumbrarnos a tener más opciones. Mis tres claves maestras, para prevenir y superar crisis son: Menos expectativas, más opciones y más aceptación.
Gracias por leerme.

Artículos del Sr. Renny Yagosesky
Escritor y Conferencista
www.laexcelencia.com