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Wednesday, June 27, 2007

Artículos de Renny Yagosesky.

La Personalidad Mediocre.

A pesar de sus dificultades y momentos tensos, estoy persuadido de que la vida es una oportunidad muy especial para aprender, evolucionar y trascender. Cada día nos ofrece numerosas posibilidades con las que podemos hacer mucho, poco o nada, dependiendo de nuestro nivel de consciencia. Bien podemos dirigirnos hacia lo más alto, en busca de ideales trascendentales, o quedarnos esperando a que otros decidan lo que nos conviene, lo que debemos hacer y hasta dónde podemos llegar.


Tenemos en realidad tres caminos: El primero es un camino orientado a la calidad y a la excelencia. Es el que toman los transformadores, los visionarios, esos personajes que vemos como idealistas, dedicados a hurgar en la existencia hasta encontrar el oro que hay en cada cosa.El segundo camino es el de la rendición, el que toman los que renunciaron a la vida, los que apenas sobreviven, en parte por la desgracia que han tenido de nacer y vivir en ambientes deprimentes con pocas opciones y apoyo inexistente de gobiernos marginales, ciegos e innobles.

También, porque desconocen sus capacidades y oportunidades, lo cual los condena a vivir al ras del suelo. Aquí también se incluyen los desadaptados que no lograron adaptarse a la sociedad y quedaron desencajados, desarticulados, como piezas flotantes ajenas a los acuerdos grupales.El tercer camino es el camino de la persona mediocre. Se trata de gente que pudiendo hacerlo, ha renunciado a usar su potencial y sus recursos; Seres que se rindieron y aceptaron transar su poder a cambio de un poco de comodidad sin felicidad duradera; es la masa a la que José Ingenieros se encargó de radiografiar en su libro "El hombre mediocre".

Tener una personalidad mediocre significa, interpretando a Ingenieros: vivir en la parte mediana de la escala; conformarse con lo que no posee calidad; quedarse, esperar, imitar, acomodarse a las apariencias, anular la iniciativa, parecerse a los demás. Tener, más que voz, eco y repetir sin pensar o cuestionar, las rutinas y prejuicios que aprendió. La persona mediocre no lucha por sus sueños e ideales ni cree en la perfección; se burla de lo bello y lo romántico, experimenta con frecuencia sentimientos bajos como la envidia, es típicamente apática, vulgar y vive mentalmente en el pasado.Para superar o vencer la personalidad mediocre, para volar más alto junto a las águilas, en un espacio donde los resultados y premios son mayores y de mejor calidad, hay mucho que hacer y apenas pocos pueden hacerlo.

Es necesario revisar lo que hemos aprendido y restaurar la confianza en nosotros mismos. Creer que es posible ascender, superar, vencer, ganar. Recontactar con nuestro amor propio y con nuestro autorespeto. En ocasiones es necesario cambiar de ambientes y de relaciones, pues inevitablemente nos convertimos en aquello que vemos y oímos diariamente.La personalidad excelente, escalón superior de la personalidad mediocre, se alcanza retando el miedo, la costumbre, la flojera y el facilismo, para dejar entrar a la creatividad, el riesgo, la determinación, la voluntad y la fe.

El reto es buscar hasta encontrar lo mejor que tenemos y hacer con eso lo mejor que podemos. La motivación, debemos buscarla en los premios que obtendremos con los cambios. Conviene preguntarnos por qué abandonar lo mediocre, si la respuesta es clara y poderosa, podrás saltar a un nuevo lugar en tu existencia, distinguirte de los demás y encontrar tu destino particular, dejando de lado la rutina, la costumbre, lo mismo de siempre.Hay que levantar la mirada para ser auténticos, decidir crecer y abandonar el círculo de los perdedores y de los envidiosos, para ingresar al escenario brillante de quienes han pagado el precio.

No tengo duda alguna acerca de que la mediocridad puede enfrentarse y vencerse para siempre. Es posible y todos tenemos formas de hacerlo. No estamos condenados a ser siempre de una misma forma si no estamos contentos con ello. No tenemos por qué repetir el hábito y el lenguaje de otros. Poseemos el derecho a ser únicos sin dejar de vivir con los demás. Cuanto antes comencemos, antes llegaremos. Es la hora de soñar y lograr, pero antes, debemos sacar las manos de los bolsillos, borrarnos de la cara la sonrisa falsa y dedicarse a crear un nuevo destino.

La Decisión de Cambiar

Todo cambia


Sin importar de qué se trate, o de si nos gusta o nos disgusta, algo absolutamente cierto es que todo cambia en todo momento, por lo que eso que las cosas son el día de hoy, dejarán de serlo en alguna forma el día de mañana. Desde que Heráclito acuñó la frase: "Lo único eterno es el cambio", esa lección está vigente y es prudente e inteligente aprenderla.Es un hecho cierto que objetos, situaciones y personas, se ven sometidas de manera permanente a las imponentes fuerzas de la transformación. Esto, como evento natural, no es necesariamente un problema, salvo cuando nos sorprende y desafía; cuando nos coloca frente a situaciones incómodas o inmanejables.Muchos de los cambios que vivimos se producen sin que los notemos, pues no siempre las transformaciones que experimentamos han sido previamente planeadas y a veces ni siquiera podemos controlarlas, por lo que nos toca enfrentar las sorpresas que implican.

La resistencia

Aunque es ya un conocido cliché, los humanos somos seres de hábitos que justo por esa misma razón resistimos el cambio. Nuestra tendencia es la de quedarnos anclados en costumbres, especialmente las nos producen placer o satisfacción. Así, desarrollamos mecanismos para evitar o escapar de buena parte de las situaciones que vemos como nuevas, impredecibles o incontrolables.Frente a los cambios involuntarios, solo podemos actuar proactiva y sistémicamente, a fin de prevenir y evitar, en lo posible, las sorpresas. Parte de esto, no hay mucho por hacer.

Es posible cambiar

En cuanto a los cambios voluntarios, es decir, los que en alguna medida podemos predecir o controlar, lo primero a enfatizar es que sí es posible producir cambios en nuestra vida. Podemos crear transformaciones y ajustes notables que marquen la diferencia entre la forma como pensamos, sentimos hablamos, actuamos y vivimos ahora y en lo que podemos convertirnos con la fuerza de la inteligencia, la consciencia y la voluntad.Estos cambios voluntarios, dependen de factores internos y externos.

En lo interno, de la aptitud y de la actitud de la persona, de su capacidad para adaptarse más creativamente a las situaciones, y de su intención, determinación, deseo o ganas de crear esos cambios.

En lo externo, depende de las circunstancias culturales y ambientales de espacio y tiempo a que la persona se vea sometida.El cambio autogenerado nos lleva a revisar varios escenarios donde éste puede promoverse, producirse y sostenerse. Estos son: pensamientos, lenguaje, emociones, acciones, relaciones y ambientes.Los pensamientos o cogniciones son la puerta de entrada a una nueva manera de vivir. Por lo que detectar y suprimir pensamientos (recuerdos culposos y anticipaciones catastróficas) y creencias limitantes (sobre uno, la gente o la vida) nos aseguramos un estado emocional de mayor bienestar.

El lenguaje opera como descriptor y creador de realidad. Debe ser observado y controlado por quien desea cambiar, para evitar verbalizaciones inadecuadas, como las generalizaciones, distorsiones de la realidad, trivialidades, exageraciones y catastrofismos, entre otros actos expresivos, que tienden a generar conflictos en las relaciones y nos alejan de la satisfacción y del logro.

Los pensamientos y el lenguaje influyen dramáticamente en nuestras emociones, por lo que cada ajuste realizado en ellos, traerá modificaciones en nuestra experiencia emocional interna. Pensamientos de poder (soy capaz) aceptación (soy adecuado) de gratitud (aprecio lo que soy, hago y tengo) y optimismo (me irá bien) promueven en nosotros estados gratificantes como la confianza, la alegría y la calma, para mi, sentimientos requeridos e idóneos para el éxito verdadero.


Los cambios en las relaciones y en los ambientes, alteran la rutina de vida y nos lanzan hacia nuevos retos que serán positivos o no dependiendo de nuestra manera de abordarlos.

Algunas sugerencias a la hora de realizar cambios:

1) - Los cambios deben realizarse de manera integral.Esto significa que debemos atender varias áreas de nuestra realidad personal u organizacional: atender salud, relaciones, trabajo y dinero e interioridad, es mejor que poner toda la atención únicamente en el dinero o en las relaciones. Como un automóvil, requerimos que todos los sistemas funcionen para que el vehículo se mueva de manera estable.

2) - Los cambios deben realizarse preferiblemente uno por vez.Es más fácil controlar un cambio a la vez, en lugar de enfrentar varios cambios simultáneamente, aunque a veces la situación nos obliga a cargar varias maletas al mismo tiempo. Mudarse, divorciarse y vender el automóvil, pueden acabar con cualquiera, si todo se atiende en un sólo salto. La saturación de cambios es, por salud, una mala idea. Todos tenemos un nivel de resistencia al estrés del cambio, que es sensato conocer y respetar.

3) - Los cambios deben realizarse gradualmente.Esto a menos que la situación nos empuje u obligue, o que la persona tenga un ritmo de acción intenso como forma natural y pueda manejarlo con ninguno o con poco daño. Debemos encontrar un paso que no nos desestabilice.

4) - El cambio debe ser abordado responsablemente.Resulta infantil asumir el cambio como un chiquillo regañado. Si hay algo que hacer, busquemos el lado positivo y asumamos con madurez la decisión de movernos en otra dirección. A veces nos detenemos y aferramos a excusas que impiden o retarden el cambio. Justificarse o autoengañarse con creencias autolimitadoras, sólo genera conflictos y crisis individuales y grupales. Es necesario observarse y detectar las trampas mentales, las posturas victimistas que cierran la posibilidad al progreso, al bloquear lo novedoso, lo creativo, lo diferente.

5) - El cambio debe sostenerse.Muchos logran iniciar el cambio y pocos se sostienen hasta alcanzar la meta. Las tensiones que acompañan al cambio, pueden hacernos creer que estos son complicadores, y que debemos detenernos o retroceder. En realidad, sucede lo contrario, pues los cambios suelen ser más beneficiosos que perjudiciales, sobre todo cuando obedecen a lo planificado, o surgen como consecuencia natural de nuestro proceso evolutivo. Incluso, hay cambios que ni pueden ni deben posponerse.

Se ha dicho que sufrimos pues poseemos cierta incapacidad para aceptar las cosas como son. Nos resulta bastante difícil manejar con normalidad el cambio frecuente. Como premisa, podemos establecer que a menor resistencia al cambio, menos sufrimiento y en consecuencia, menos crisis. En algunas ocasiones, podemos beneficiamos al ofrecer resistencia a ciertos cambios que nos hubiesen perjudicado. En este caso, estaríamos hablando de una "rebeldía digna", que bien podría ser aceptable si no choca con los valores de la persona ni afecta a la colectividad.

Por fortuna, podemos aminorar el trauma derivado del hecho de tener que cambiar. Algunas técnicas de autoayuda o de intervención terapéutica que pueden ayudarnos a saltar de un lado del puente al otro, son:

- La autoobservación (vigilar la conducta para detectar y sustituir comportamientos negativos)

- La afirmación (decretar verbalmente el cambio como realizado y satisfactorio.)

- La visualización (imaginar el cambio realizado y satisfactorio.)- El modelaje (imitara quienes saben manejar las situaciones positivamente.)

- El reencuadre (interpretar positivamente situaciones o conductas personas)

- La relajación (buscar calma mental y corporal con ayuda de la respiración)- La autorevelación (expresar pensamientos y sentimientos)

- Dramatización (actuar un personaje para comprenderlo o aclararse)

- La neutralidad (evitar voluntariamente de toma de posición sobre eventos o personas)

- El perdón (aceptar comprensivamente un hecho, despenalizándolo)

- El cambio corporal (cambiar de postura corporal al hablar, caminar o movernos.)

- El anclaje (aparear dos estímulos para provocar una respuesta deseada.)

- La reestructuración cognitiva (sustituir creencias y pensamientos.)

Creo que nos convendría trabajar duro, para vencer los enemigos del cambio, tales como: el confort, el hábito, la inacción, el apego y el temor. Quizás sea este un buen momento para dar el paso. Depende de ti, de tu nivel de consciencia, disposición y flexibilidad.


Como Salir del Pasado Mental

Para superarnos necesitamos vencer limitaciones de diverso tipo. Una de ellas es la tendencia a vivir mentalmente en el pasado. Este mecanismo, es un recurso evasivo que nos impide vivir la plenitud del presente. ¿Considera que el ayer siempre será mejor? Siga leyendo.


Desde hace cerca de tres mil años, se ha difundido una información conocida como "las leyes universales". Se trata de una especie de cartilla infalible que contiene las pautas por las que algunos sabios han pensado que se rige toda criatura o cosa sobre el universo. Una de esas leyes, llamada "Ley del mentalismo", nos enseña que "todo es mente", y que todo cuanto creamos y percibimos como realidad, es producto inicial de nuestros pensamientos.

Desde nuestra mente percibimos la realidad, y elegimos que hacer y hacia donde dirigirnos. Desde nuestra mente emergen valores, creencias y pensamientos, por lo que a ella debemos lo que hemos sido, somos y seremos. Una de las posibilidades que ella tiene es ubicarnos en lo que llamaremos un "tiempo mental", es decir, desde nuestra mente, vivimos en el pasado, en el presente o en le futuro, pues allí donde esté nuestra atención y nuestra intención, es justamente donde en realidad estaremos. Y por lo que observamos y sabemos, incontables personas pasan buena parte de su vida reviviendo, lamentando o extrañando el pasado, con lo cual logran evadir el impacto de los retos y responsabilidades cotidianas, con el agravante, a veces patológico, de que dejan de vivir en el presente y mirar la vida con nuevos ojos, para permanecer atrapados mentalmente en un tiempo irrecuperable, que ya pasó.

En realidad, quedarnos en el pasado nos brinda una cierta seguridad psicológica, pues nos resguarda de lo nuevo, de lo desconocido, de aquello ante lo cual nos sentimos débiles, inseguros, incapaces o inexpertos. Pensar en lo que ya pasó, hablar de un tiempo que se ha ido, y actuar como si estuviéramos en el ayer, nos da un cierto control, pero sólo debería ser válido en lo anecdótico y no como estilo de funcionamiento permanente del ser humano saludable.

Son muchas las ocasiones en las que nos descubrimos viviendo de glorias pasadas, admirando viejas fotografías o leyendo viejas cartas. Tratando, pues, de reabrir inútilmente ciclos cerrados. En todo esto nos ayudan los hábitos, estrategia de la mente que funciona con base en la repetición, y que hace de lo reiterado una costumbre y de ésta, una necesidad. Para poder sacarle verdadero provecho a la vida hay que relacionarse con el pasado de manera diferente y aprender a vivir en el presente para crear el futuro que deseamos.

Podemos usar el pasado como referencia positiva, para recordar éxitos y usar las herramientas que funcionaron bien en aquel momento, para inspirarnos y crear nuevos y mejores triunfos, así como para madurar y no repetir los mismos errores.

Lo insano, lo inadecuado, es estancarse en lo gastado, en lo agotado, en lo disfuncional. Poco nos ayuda culparnos por errores, fracasos, rupturas, separaciones, pérdidas o accidentes. Es imperioso salir del pasado mental y aprender a vivir en el presente.

Volver al presente

La pregunta es cómo lograrlo: Es posible vivir de una manera más consciente y productiva si nos situamos más en el momento y lugar en el cual está nuestro cuerpo, si logramos mantener la conciencia en lo que pensamos, decimos y hacemos.

Una puerta de salida es prestar atención a nuestro lenguaje. Cuando hablemos, podemos observarnos y evitar la compulsión de traer recuerdos al aquí y al ahora. De ser así, debemos volver al presente rápida y voluntariamente, y hablar de lo que estamos haciendo y de lo que deseamos hacer o lograr. Si es otro quien nos hala hacia el pasado, podemos retomar el tema del presente, o decir con amabilidad y cortesía algo como: "eso ya paso" o "de eso hace mucho tiempo", como forma de redireccionar el tema hacia lo actual.

También puedes preguntarte varias veces al día ¿donde estoy mentalmente? O puedes, si deseas trabajar más a fondo la presencia de actualidad, seguir mental y vocalmente lo que haces. Si, por ejemplo, te encuentras comiendo, piensa o di en voz alta: "en este momento estoy llevando la comida a la boca"; "en este momento estoy masticando"; "en este momento estoy tragando el alimento"; "en este momento estoy bebiendo jugo", etc. Este es un poderoso ejercicio de presencia mental, practicado por iniciados en el arte del "darse cuenta". Puedes hacerlo un par de veces al día o tantas veces como lo desees, dependiendo de tu interés o del grado de perturbación que te cause el pasado.


Recordemos que la vida es evolución y que la evolución es cambio. Og Mandino, conocido escritor de autosuperación, dijo: "Hay que darse tiempo para crecer, ahora mismo". Busquemos en cada experiencia, persona o encuentro lo que nos muestra de nuevo y de creativo. Veamos lo que no hemos visto, oigamos lo que no hemos oído, sintamos lo que no hemos sentido. Esto nos permitiría vivir más motivados, menos aburridos, tal como viven los niños en un a especie de presente infinito.

Si no existieran muchos de nuestros archivos de memoria, si dejáramos de vivir en el pasado mental, se irían también muchas culpas y temores, y volveríamos a ser ingenuos y auténticos, nobles y agradecidos. No culparíamos a nadie, no odiaríamos, y seríamos personas más felices y productivas. Como dijo Ronald Hubbard, quítale a una persona sus recuerdos de sufrimiento y tendrás a un ser nuevo y claro".

Es cierto que encaminar la mente hacia el presente no es tarea fácil, aunque podemos intentarlo y vivir de cara a la vida, aceptando que lo pasado pasó y que no tiene sentido quedarse atrás. ¡Hoy puede ser un gran día! Depende de ti quedarte o fluir con lo nuevo. Siembra hoy, canta hoy, perdona hoy, abraza hoy, pues es así como podrás tener el futuro que sueñas, el cual por cierto, cuando llegue, también será hoy.

La Superación de una Crisis

A todos en algún momento, nos ha tocado vivir situaciones de crisis, en lo personal, familiar o laboral, con consecuencias económicas, emocionales o físicas desagradables. Frente a esto, podemos ocultarnos como el avestruz o movernos hacia adelante con inteligencia y consciencia en busca de soluciones productivas.


Desde muchos puntos de vista es una bendición nacer y vivir, pese a las circunstancias que por azar o mando providencial nos corresponda experimentar. Si importar nuestro de equilibrio y control de las situaciones, surgen circunstancias que nos llevan cada cierto tiempo a transitar por momentos difíciles que nos modifican de muchas formas nuestro estilo de vida. A esos momentos generalmente imprevistos e indeseados, los llamamos “tiempos de crisis”. Personas parejas, familias, empresas, países y hasta continentes los han vivido.

Aunque en el plano personal, son muchos quienes tienden a dejarse tumbar por estos huracanes temporales que nos “sacan la alfombra” y nos dejan con los pies descalzos en el piso duro y frío, hay personas que abordan los giros y dificultades con entereza y espíritu. De ellos debemos aprender todos.

Una crisis es un momento de cambio forzado en el cual nos cuesta divisar claramente rumbo y posibilidades; un espacio en nuestra vida en el que nos toca caminar cerca de la incertidumbre y la creatividad, y que nos muestra ciclos que se cierran y abren. Pueden ser momentos tensos, especialmente por nuestra insistencia en perpetuar lo que ya ha fenecido, muerto, marchitado.

Otra visión acerca de las crisis, es que son o pueden ser espacios de crecimiento personal, oportunidades de revisión, decisión y autoconocimiento; paréntesis que nos lleva a descubrir patrones mentales y emocionales que pugnan por renovarse.

Ejemplos conocidos hay muchos: Gracias a una crisis Julio Iglesias se convirtió en cantante y se convirtió luego en un súper vendedor de discos de más de 300 mi millones de copias de sus canciones. Por una crisis Stephen King nació como escritor y ahora es el autor más leído del mundo. Las crisis, escribí en mi libro El Mensaje de los Sabios, “son remedios amargos que curan”.

Cada crisis se apareja con cambios muy significativos. La muerte de un familiar, un aborto inesperado, un accidente, una noticia ingrata, pueden bastar para modificar sustancialmente la forma de vida que llevamos.

Como todo en la naturaleza, existen plazos y ritmos, por lo que debemos aclarar que las crisis no “saltan” repentinamente sobre nuestros hábitos, sino que son resultado de un proceso de acumulación o saturación del que no nos percatamos y que emerge para decirnos que se requiere modificar un hábito, dejar un trabajo, renovar una relación, mudarse a otro lugar, o reiniciar los estudios. Nos empuja a restablecer el equilibrio temporalmente perdido.

Una crisis económica puede ser una invitación a encontrarnos con nuestra verdadera vocación, a desarrollar la creatividad, a mejorar las relaciones, a cambiar de escenario laboral o a revisar la forma como gastamos, invertimos o ahorramos. Sismos de pareja revelan la necesidad de mirar de cerca aspectos bloqueados o ignorados en el vínculo o, son una invitación para decir adiós definitivamente.

Una crisis de salud puede estarnos diciendo a través del cuerpo, que estamos agotados, asustados, tensos, tristes, culpables, rabiosos o vacíos. Que hemos olvidado atender algún aspecto de nuestra naturaleza, que vamos muy de prisa, que estamos anclados en el auto abandono o que hemos olvidado el placer de vivir.

Las crisis se reconocen por el surgimiento de emociones intensas, confusión o cambios radicales en la manera de ver las cosas. También por la presencia abrumadora de situaciones inusuales e inmanejables. A veces se manifiestan en forma de apatía, inmovilidad y aparente quietud.

Muchas depresiones se ocultan tras una aparente calma.


No pocas crisis cobijan ganancias secundarias, es decir, premios ocultos de orden psicológico que o se advierten con facilidad. De forma tal que podemos crearnos una crisis como forma no consciente de llamar la atención, descansar, cambiar de vida o renunciar y rendirnos.

Creo, como los psicólogos transpersonales, que muchas de las crisis que tildamos de enfermedad o locura, son en ocasiones, etapas de transición en un proceso de evolución y crecimiento interno.

Para superar las crisis debemos aceptarlas y verlas como mensajeras del cambio; buscar y aceptar ayuda profesional si fuera necesario; encontrar la lección oculta; recordar que suelen ser tendencialmente superables; que somos responsables en alguna forma o medida en lo que nos ocurre; y que son parte normal de la vida humana. Finalmente, asumir el cambio con mayor normalidad, planificar más y mejor, y acostumbrarnos a tener más opciones. Mis tres claves maestras, para prevenir y superar crisis son: Menos expectativas, más opciones y más aceptación.
Gracias por leerme.

Artículos del Sr. Renny Yagosesky
Escritor y Conferencista
www.laexcelencia.com

1 comment:

aura franceschi said...

Excelente articulo... excelente persona... que nos guia en el camino para convertirnos tambien en excelentes seres humanos... gracias... aura franceschi Venezuela