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Friday, July 25, 2008

El anciano y la niña.

Un día cuando estaba en el parque paseando a los perros vi a varias madres corriendo hacia la zona en la que los niños jugaban. Me acerque para ver que había sucedido, vi como las madres estaban levantando del suelo a un anciano al tiempo que le recriminaban, mientras junto a él una madre abrazaba a una niña de unos 5 o 6 años.

El anciano repetía de forma insistente.
- Disculpen, perdonen, no saben cuanto lo siento, lo siento.
- ¿como esta la niña?, ¿como esta la niña?

Mientras tanto la madre preocupada le preguntaba a su niña.
- ¿estas bien, te duele algo?
- ¿No mamá, a mi no me duele nada, y al Sr. Abuelo?

Su madre no dejaba de toquetear a la niña para ver si tenía algo roto, pero la niña se sentía molesta por tanto toqueteo de la madre, mientras preocupada por aquel señor de avanzada edad, la niña repetía.

- ¿Sr. Abuelo, le duele?, ¿le duele algo Sr. Abuelo?

Entre tanto ruido y alboroto la niña y el anciano no se oían el uno al otro, solo se escuchaban las voces y los gritos de las madres de los niños recriminando al anciano con insinuaciones ofensivas….

- ¿que le iba ha hacer el degenerado?.
- (otra decía), si ya hay pederastas por todos sitios.
- (y otra añadía), yo he visto como se le tiraba encima.
- seguro que si no estamos nosotras a saber si le hace algo o se la lleva.

La niña, viendo el sonrojo de estupor del anciano con una respiración cansada y forzada mientras se sentaba muy despacio por su avanzada edad en el banco del parque, y viendo a aquellas madres riñendo al anciano.

- !!!!Bastaaa!!!!!!!!!. - dice la niña gritando.
De la fuerza del grito, su madre se aparta de ella y las otras señoras se callan al unísono, haciéndose un silencio absoluto. La niña se acerca al anciano y le dice.

- Me toca a mí. - se acerca a la mejilla del anciano y le da un beso.
- ahora tú. - le dice la niña al anciano.

Este sonríe de forma muy tierna mientras se limpia las manos llenas de la tierra que han tocado en el suelo del parque tras la caída, y de su bolsillo saca un pañuelo que abre muy despacio.
- Ahora tú. - le dice el anciano a la niña.
- ¿cierro los ojos? - pregunta la niña.
- No. solo sopla. - responde el anciano.

Con una inmensa emoción en los ojos la niña sopla como si le fuera la vida en ello, y el anciano abre lentamente con su mano el pañuelo, dejando ver una antigua cajita de madera con la forma de una mariposa labrada a mano.
- !!!!Que Bonita!!!!. - dice gritando de emoción la niña.
- ¿Te gusta? - le pregunta el anciano.
- si. - responde la niña.
- Pues es tuya. - le dijo el anciano.
- ¿de verdad? - pregunta la niña.
- Claro. - replica con firmeza el anciano.

Y continuó… me la dejó tu abuela en el club de jubilados el mes pasado y me dijo que cuando vinierais las dos al club que jugase contigo a “vuelta y beso” como hacías con tu abuelo, y que este seria tu premio, y como no vinisteis, he venido yo a jugar contigo aquí al parque.

- Ya. - le respondió la niña.
- Es, es que mi abuela ya se ha ido con el abuelo. y no podrá venir mas.
- Lo sé, ven a jugar siempre que quieras conmigo al club
-¿vale? - le dijo el anciano.

- ¿me llevarás? - dijo la niña mirando a su madre.
Y esta entre lágrimas contesto.
- Claro mi amor, como no, claro mi amor, siempre que quieras.

ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

Otra historia para pensar:

Un día el bosque ardió en llamas, todos los animales comenzaron a correr para salvar su pellejo, pero allí había un Colibrí, que estaba recogiendo una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego.
En eso que se le acercó el León y le dijo en tono de pregunta:

¿Es que acaso crees que con ese pico pequeño vas a apagar el incendio?
y el colibrí le contesto:
Yo sé que no lo puedo apagar solo. Pero al menos estoy haciendo mi parte.

sssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss

....y otra más para meditar:

El Pescador.

Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado.
-¿Por qué no has salido a pescar? –le preguntó el hombre emprendedor.
-Porque ya he pescado bastante por hoy –respondió el apacible pescador.
-¿Por qué no pescas más de lo que necesitas?- insistió el industrial.
-¿Y qué iba a hacer con ello? –preguntó a su vez el pescador.
-Ganarías más dinero –fue la respuesta –y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo.
-¿Y que haría entonces? –preguntó de nuevo el pescador.
-Podrías sentarte y disfrutar de la vida –respondió el hombre emprendedor.
-¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? –respondió sonriendo el apacible pescador.

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