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Saturday, August 07, 2010


La consciencia es la meta, la educación es el medio



El ser humano no es un ser ambivalente sino un continente que atesora un contenido por descubrir

Al ser humano lo define lo que él representa en la evolución del Universo, las cualidades con las que le ha dotado la vida, la impronta que posee para vivir y sobrevivir a las circunstancias históricas, la capacidad para transformar las condiciones que recibe, el impulso que le lleva a buscar por senderos nunca franqueados, la capacidad de amar, de empatizar, de solidarizarse, de comprender al otro, su capacidad innata para vivir en sociedad. Por Alicia Montesdeoca Rivero.


Los descubrimientos son paisajes captados desde la pequeña ventana de una conciencia que se asoma al Universo


El origen de la vida se pierde en la memoria de la evolución misma, su huella queda impresa en el movimiento ascendente hacia la consciencia de sí que es su destino.
En ese devenir, el ser humano emerge y se constituye en síntesis de todo el movimiento creador. Este ser emergente se erige en sujeto conociente, contemplador del movimiento, interpretador de lo que se crea, nombrador de lo que se manifiesta, cooperador de la creación misma.


Este ser humano se asoma al Universo a través del marco de una conciencia cada vez más expandida, impulsada por un anhelo, por una añoranza que aún no sabe qué los origina y cuyas pistas se encuentran en los residuos de polvo cósmico que quedaron depositados en su propia naturaleza, por el proceso evolutivo que permitió el surgimiento de la Vida.
Este movimiento evolutivo continúa, lo percibimos como un movimiento en espiral, alentado por un desconocido punto potenciador que se expande y se contrae al impulso de la sístole y de la diástole de un corazón que le bombea dinamismo y que impulsa todo hacia la Consciencia plena.


Si lográramos, por un instante, parar el movimiento y atrapar en un plano las formas que adopta, la mirada descubriría una espiral de complejidad, reproducción exacta de cualquier instante de la vida: múltiples elementos en juego, innumerables interacciones; todo vibrando a la vez para configurar la materia, para lograr las formas, para inspirar sentido, para incrustar espíritu en lo materializado, a través de un amoroso soplo de origen desconocido, renovador de cada instante cósmico.


Qué soy, quién se asoma a través de mis ojos, quién o qué alienta mi voluntad, provoca mis emociones, hace tierno mi corazón, llena mi mente de inquietudes
Parece que tenemos claro cuál es lo que físicamente define a un ser humano, pero cuando nos adentramos en sus otras dimensiones, psíquicas, mentales y espirituales caemos en descripciones cargadas de tópicos, prejuicios, obviedades, esquemas, interpretaciones...


Desde mi punto de vista, al ser humano no lo define una configuración física, determinada por la evolución de la materia y de la vida. Tampoco sus circunstancias en un momento dado, sus errores históricos, sus cualidades o sus defectos, todos ellos temporales. Al ser humano lo define lo que él representa en la evolución del Universo, las cualidades con las que le ha dotado la vida, la impronta que posee para vivir y sobrevivir a las circunstancias históricas, la capacidad para transformar las condiciones que recibe, el impulso que le lleva a buscar por senderos nunca franqueados, la capacidad de amar, de empatizar, de solidarizarse, de comprender al otro, su capacidad innata para vivir en sociedad.
Cuando me propongo definir lo que es un ser humano no empiezo por establecer un nivel de conciencia, pues esta acción paralizaría, en una expresión momentánea, lo que realmente es: un ser en evolución dentro del proceso evolutivo de una humanidad terrestre, integrados (humano y humanidad) en un Universo que se expande en conspiración con la expansión de la Consciencia que lo acoge.


Las cualidades o defectos que se le asignan a los seres humanos, en un momento dado, sólo ponen de manifiesto el estado evolutivo general de la humanidad, no su esencia, que es la que hay que desentrañar, la que ha de colocarse en el horizonte de toda vida temporal, para darle sentido a sus esfuerzos, a sus búsquedas, a los retos que se plantea. Son sus potencialidades las que hay que considerar, éstas fijaran las probabilidades. Luego, sus posibilidades de desarrollo las dará el entorno en el que vino a la vida y que caracteriza su experiencia terrestre.


Partiendo de sus circunstancias, ignorando quién es, por qué nació, para qué, y por qué, el ser humano puede devenir en un buscador perdido, sin brújula, en peligro permanente de ser atrapado por el equívoco. Pero no es desde ahí desde donde lo quiero mirar, ese camino lleva a liquidar de un manotazo las posibilidades de superación y la importancia per se que toda experiencia vital posee.
La visión que adoptamos parte de la base que todo está en movimiento, en continuo cambio, formando parte de un proceso cuya naturaleza es “transformación permanente”, pues el cambio es lo intrínseco de lo real.


El ser humano no es un ser ambivalente, es un continente que atesora un contenido por descubrir, que pertenece a un Universo que se expande al mismo ritmo en el que crece su conciencia, y del cual apenas conoce la naturaleza de que está hecho.
En el itinerario que recorre a lo largo de una vida le observamos atravesando una experiencia común a todos los de su especie, pero extraordinariamente especial como vivencia individual.



¿De qué hablamos cuando nombramos humanidad?


Para mi lo esencial del ser humano es su naturaleza amorosa que lo cohesiona, su inteligencia indagadora, su conocimiento reflexivo, su inclinación a lo trascendente, su dirección irreversible hacia la consciencia, cualesquiera que sean las formas que adopte en su andar.


¿Cómo relatar, en este frío invierno, en la penumbra que produce la luz del fuego, metáfora de la penumbra en la que vivimos, con el tono de voz de las confidencias, la historia del ser humano desde el momento de su emergencia?


En esa emergencia, en la expresión humana, última y compleja forma tras incontables mutaciones, la vida muestra su absoluta capacidad de creación transformándose en vida consciente, para continuar y dar a luz más vida.


Todo ser humano nace lleno de potencialidades pero frágil y necesitado. Estas características demandan atención plena de los suyos y apreciados recursos para sobrevivir de su entorno. Sus potencialidades maduraran al calor amoroso del hogar que lo acoge, se frustrarán con la carencia de ello o sobrevivirán, a pesar de todo, porque encuentra alternativas resilientes.


En la medida que crece se socializa, su primer círculo se abre y comienza a intercambiar, a interrelacionarse, a participar en otros medios con otros adultos o con sus pares. Conviviendo socialmente, ampliando su entorno, aprende, conoce y se reconoce… madura.


Cuando se eleva independientemente adopta los modelos aprendidos, los enriquece con sus experiencias y de esta manera construye su identidad y define su participación y sus compromisos sociales.


Más tarde, en su etapa de mayor madurez y de mayor acumulación de experiencias se prepara para devolver el patrimonio obtenido y enriquecido a las nuevas generaciones que renovarán los procesos y que darán continuidad a la marcha de la especie humana.



La humanidad se constituye, es la era planetaria


Así, teje que se teje, una tupida malla envolvente ha sido elaborada, ella nos vincula, nos nutre, nos cohesiona, nos construye y nos transforma en la humanidad de un planeta que es un átomo minúsculo, danzarín en un espacio de inconcebibles dimensiones.


Cada tejedor en su lugar y toda la humanidad en su conjunto danzando al ritmo que impone la Vida, como experta directora de orquesta. Así hemos llegado hasta aquí, en que la emergencia de nuevos conceptos abogan por proponer, a la misma Vida que los ha propiciado, nuevas formas de recrear la eterna danza.

Una danza que se hace desde la consciencia de la temporalidad, desde la constatación de la dependencia, desde la necesidad de la interconexión. Ahora la danza es un balancearse de entradas y salidas desde el paso específico de la identidad individual a la absoluta fusión en el entramado colectivo que pone de manifiesto la identidad única de la especie y su centralidad.


Apoyados por los nuevos conocimientos científicos que transforma los conceptos de materia, de realidad y de espíritu; que genera nuevas preguntas sobre el sentido de la vida, de la presencia del ser humano, de la esencia del Universo; que posibilita dar soluciones a los grandes azotes de la humanidad (dolor, enfermedad, hambre, guerra, muerte); apoyado por un fuerte desarrollo tecnológico (tecnologías de la comunicación y de la información) nunca hasta ahora alcanzado.


Respaldados por una nueva conciencia de ser uno como humanidad, como sociedad, como especie que ha ido labrando este momento, experiencia tras experiencia, generación tras generación, creación tras creación, hasta prolongar los brazos y entrelazar las innumerables ramas de cada brote. Con una consciencia que empuja a transformar el simple tocar en un penetrar para vincularse, confundirse, fecundarse hasta fortalecer el tronco original del gran árbol de la vida.


Entramos en el nuevo estadio en el que toca aprender a convivir, asumiendo que ser humanidad es sentirse implicado en un único proceso de evolución, una evolución pendiente y dependiente de las de los otros.



Educación y enseñanza para un nuevo paso evolutivo


La educación ha de crear ambiente para la alquimia personal y orientar hacia a la consciencia de pertenecer a un Todo


Una educación para la comprensión de un mundo: del mundo que soy, del mundo que me acogió y del mundo que rodea mi mundo. Una educación para conocer los mundos, una educación para mejorar los mundos. Una educación para cambiar los mundos. Una educación para entrar en el Mundo.


Una educación que parte del Amor como esencia cohesionadora de todos los niveles de realidad y como significado y sentido de todo el devenir. Una educación que se sostiene sobre el movimiento permanente que es garante de vida y carácter esencial de la Vida. Una educación que asume, ese movimiento, como propio de los procesos en el que se construye la toma de conciencia de lo que somos y que alienta la marcha hacia la consciencia a la que pertenecemos y a la que nos dirigimos. Una educación que está alerta a las emergencias que se producen en los procesos para acompañar con determinación y con ternura maternal, hasta su nacimiento, las nuevas creaciones humanas gestadas por la cooperación consciente y responsable. Una educación que sabe que la evolución constituye el destino del Universo.


Una educación que en un magnífico acto de centralidad asume su papel de transmisora de todos los saberes alcanzados por la humanidad, para potenciar la manifestación de la consciencia a la que también ella pertenece. Una consciencia que le lleva a reflexionar sobre cómo educar, cómo acompañar al despertar consciente y cómo ese despertar ha de estar imbuido del amor, la responsabilidad y el respeto a la diversidad y las diferencias que se dan en el entorno, en los demás y en el sí mismo.


Una educación para desarrollar la capacidad constructora: capacidad de problematización de la realidad, de comprensión de lo real, de aprehensión de nuestra posibilidad y responsabilidad para conducirnos como humanidad.


Una educación para los recién llegados y para los adultos que le acogen, que propicia las preguntas sobre la identidad individual y colectiva del ser en el universo, sobre el sentido del destino, sobre el papel a interpretar en el gran juego de la Vida, en el lugar y contexto que ella les ha colocado y a favor de los objetivos que ella persigue.


El objeto de la enseñanza: la transmisión de los conocimientos adquiridos


Paralelamente, la enseñanza ha de entrar en un proceso de renovación permanentemente, asumiendo su papel de divulgadora de los conocimientos alcanzados, señalando cuáles son los conocimientos pertinentes para alcanzar los objetivos de formación adecuados a la conciencia adquirida.


En la enseñanza se ha de cuidar la forma de transmitir los conocimientos, respetando las etapas evolutivas de los pupilos, abandonando los dogmas y permitiendo la experimentación de los saberes para su constatación en las nuevas y cambiantes realidades y para su enriquecimiento.


Los enseñantes han de actualizar continuamente sus conocimientos y su capacidad de gestión de los recursos con los que cuenta la sociedad y en especial la comunidad educativa, implicando a las instituciones, organizaciones y empresas en la formación de las nuevas generaciones, según las necesidades de formación y en base a los criterios educativos que ésta comporta.


Todo el estamento social adulto, desde etapas tempranas, ha de asumir su papel activo en el relevo generacional, propiciando las relaciones intergeneracionales que fortalezcan el desarrollo físico, intelectual, psíquico y anímico de los más jóvenes, sean o no sus hijos, con amor, generosidad, desapego y gratitud. De esta manera la sociedad vive y transmite el sentido de responsabilidad sobre lo que significa el patrimonio acumulado y la obligación de continuar cuidándolo y mejorándolo.

Para lograr todos estos objetivos, la sociedad en general ha de entrar en un nuevo estado de transformación, siendo consciente de lo que está en juego y asumiendo plenamente los nuevos retos y enfoques que la educación asume. En esta etapa, los maestros y los profesores no pueden ni deben sentirse ni actuar en soledad. Ellos son un colectivo más, aunque especial por su cercanía cotidiana a los procesos educativos, en el proceso de asumir el cambio de perspectiva. Todas las instituciones sociales y todos los adultos son responsables de la transmisión de valores, modelos y virtudes humanas a las nuevas generaciones, nadie queda exento de esta función y de la responsabilidad que supone.

Cabo Polonio. Uruguay.
Cualquier interpretación de lo observado no se ha de tomar como definitiva, siempre estará limitada por la temporalidad de la conciencia individual


Nuevas creencias para nuevos tiempos

Una relectura de Ortega señala el nuevo poder humano: yo soy yo y mis creencias

El ser humano crea escenarios para sentirse real, y concreta sus posibilidades creativas merced a sus creencias. Una nueva lectura de Ortega señala: Yo soy yo y mis creencias. Ahora bien, las creencias dejan de ser útiles cuando impiden a la realidad desenvolverse en armonía con otras creencias, cuando surgen factores de desequilibrio internos y externos. Si la creencia es un instrumento para la creación material, se requiere que los horizontes de las creencias se amplíen para que este poder siga actuando y permitiendo que la conciencia de lo que somos emerja, a través de ese poder de creación. Por Alicia Montesdeoca.


Uno de los motores que ponen en marcha la búsqueda de nuevas explicaciones está en las paradojas con las que continuamente nos tropezamos y que la inercia de un conocimiento lineal rechaza, denominándolas excepciones a la regla, sin reconocerlas como expresiones de la complejidad de la realidad, la cual se anuncia a través de ellas.

Los fenómenos paradójicos nos estimulan a observar mejor los efectos de las acciones que ponemos en marcha y cuyos resultados no corresponden totalmente a lo esperado. A través de esas manifestaciones paradójicas, podemos elaborar nuevos mapas de lo real que queremos desentrañar, tal como los astrónomos construyen los mapas siderales: suponiendo la existencia de algo no cuantificado a partir de ciertos comportamientos o reacciones, de origen desconocido, elaboran mapas de la realidad astronómica.


De esta manera intuitiva, nosotros nos aproximamos también a la interpretación de lo que suponemos existe, creando modelos teóricos que incluyen nuevos parámetros, deducidos a partir de los comportamientos observados. De este modo se construye, o se amplía, un nuevo entorno que nos permite explicarnos mejor a nosotros mismos y a nuestra propia razón de ser. En el nuevo entorno diseñado, se volverán a manifestar, tarde o temprano, nuevas paradojas para nuevas búsquedas.

Escenarios de realidad


El ser humano crea escenarios para sentirse real, pero la realidad que crea no resuelve los enigmas de la Realidad. Su acción es el medio para su propia concreción como tal ser humano, dentro de la sustancia misma de la que está constituido. Su esfuerzo no tiene como fin la creación de lo externo a él: si acaso es un intento para comprender su existencia o la materia de la que está hecho, a partir de dar forma a las posibilidades que emergen de la propia realidad. Dichas posibilidades se concretan gracias a las propias creencias del actor o actores.


Las creencias se heredan de los antecesores y se renuevan con las experiencias vividas por las nuevas generaciones de individuos y sus sociedades. Las creencias se alimentan de esas experiencias que a los sujetos les confirman en ellas, las cuales no se cuestionan porque no se detecta la naturaleza y el origen de la realidad en que se desenvuelven. De esta manera, la creencia pasa de ser un instrumento de creación, a convertirse en una verdad absoluta, inamovible.


El capital de las creencias


Las creencias de hoy son el fruto del esfuerzo de nuestros antepasados por hacer posible la vida en la Tierra. Si ahora creemos poseerla (la Tierra) es que sus esfuerzos dieron frutos.”Hemos heredado todos aquellos esfuerzos en forma de creencias que son el capital sobre que vivimos”, sostiene al respecto José Ortega y Gasset, en su obra “Ideas y creencias” (1940).


Ahora bien, como instrumento de creación humana, las creencias dejan de ser útiles cuando impiden a la realidad desenvolverse en armonía con otras creencias, cuando surgen factores de desequilibrio internos y externos al individuo que las porta, cuando dejan de permitir el crecimiento espiritual para convertirse en un dogma de fe que causa destrucción en cualquier entorno o nivel.


Si la creencia es un instrumento para la creación material, se requiere que los horizontes de las creencias se amplíen para que este poder siga actuando y permitiendo que la conciencia de lo que somos emerja, a través de ese poder de creación.


Yo soy yo y mis creencias


Por todo lo expuesto, podemos incorporar el factor creencia, a la definición de realidad que propone el insigne filósofo español Ortega y Gasset, en su bien conocida frase: “yo soy yo y mis circunstancias”. Esto daría como definición de realidad el que: “yo soy yo, mis creencias y las de los otros con las que construimos “las circunstancias”.


¿Cómo detectar aquellas creencias que fueron útiles en el pasado y que hoy son obsoletas, porque frenan la evolución humana, el poder del espíritu, el avance de la conciencia de lo que somos, el encuentro con la unidad, la empatía con los otros seres humanos, la comprensión de la realidad que vivimos y el sentido de los acontecimientos que se suceden?


Para renovar el modelo que nos sostiene, para renovar el poder de las creencias, hoy se cuenta con nuevos conocimientos, con nuevas ideas que enriquecen el pensamiento y que provienen de las ciencias físicas pero también de la nueva biología, de la neurología, de las ciencias de la información, etc.


Nuevos conocimientos que nos acercan a la complejidad de la realidad, al conocimiento de la existencia de otras dimensiones, tan reales o más que las tres en las que parece que nos movemos.


La creencia como atractor


Es preciso que la acción humana tenga en cuenta la complejidad de factores que se conjugan, en este momento, para materializar un instante de realidad, poniéndose en cuestión, ante los nuevos conocimientos, las interpretaciones que se hacen y que impiden otras lecturas posibles.


Las creencias son como aquellos “atractores extraños” que permiten que todos los factores que están en juego, como partículas de la realidad a construir, estructurar, materializar (o como se quiera definir la plasmación de una probabilidad), sean percibidos como una única expresión o probabilidad de expresión que confirmaría aquella creencia que subyace en nuestra concepción del mundo y de las cosas. (El concepto "atractor extraño" se usa en el campo de investigación del caos e indica que el sistema es atraído hacia un tipo de movimiento determinado).


Muchos hablan del momento de transición por el que pasa la sociedad humana y que se manifiesta en las condiciones planetarias de las que tanto se debate hoy (guerras, epidemias, hambrunas, cambio climático, etc.) Para todos los habitantes del planeta Tierra, concebir hoy la cotidianidad en medio de tantas convulsiones es un esfuerzo que no conoce “patrón medida”.


De ahí la necesidad de sabernos situar en las características que definen este instante de incertidumbre, riesgos, confusión, caída de símbolos, emergencia de patrones, aún en la nebulosa muchos de ellos, a sabiendas de que la emergencia de algo nuevo siempre ha supuesto contradicciones y luchas; infantilismos y conservadurismos; dogmas y frivolidades; costos y precios difíciles de evaluar.


El oráculo de la intuición


No podemos mirar el ciclo que vivimos, con todo lo que está poniéndose de manifiesto, y perder de vista que es parte de un proceso del cual no conoceremos hacia donde conduce, hasta que dicho proceso no haya acabado de conjugar y armonizar todas sus variables, que pasan por el procesamiento y asimilación de las experiencias de todos los “participadores” (activos o pasivos, conscientes o inconscientes, agentes o pacientes…). Siempre ha sido así.


La humanidad siempre necesitó de oráculos para racionalizar la situación y dar, a través de una buena receta, con las pautas a seguir para el mejor obrar. Hoy la ciencia y la tecnología parecen querer jugar ese papel. Yo diría que en estos momentos el mejor oráculo es la intuición que como brújula nos indica el mejor camino para amar, comprender y aceptar el momento en que vivimos y la experiencia que como individuos y sociedad estamos adquiriendo, en la creencia de que toda esta experiencia nos lleva a un mayor ratio de consciencia. Los retos son grandes, pero siempre han sido enormes, medidos en relación a las capacidades humanas de cada época.


Incineración de un modelo


A este ciclo que vivimos le está correspondiendo la incineración de un modelo. Esta incineración se manifiesta en el desajuste entre conocimiento científico y vida cotidiana; entre emergencia de un nuevo paradigma y obsolescencia de las instituciones nacidas al amparo de la modernidad; entre las necesidades de supervivencia de la especie y el tópico de que hemos dado con un modelo de desarrollo incuestionable; entre la comprensión de la complejidad y el sentido de la vida humana y los radicalismos en las formas religiosas y políticas.


El problema está en cómo mantener el equilibrio individual y social en medio de tantos desajustes. La paz interna que necesitamos, para afrontar los retos que nos tocan vivir, sólo nos la pueden dar la comprensión del momento en que vivimos, la aceptación de lo que es, el conocimiento de la complejidad de la realidad y sus manifestaciones, la humildad para reconocer que no sirven las respuestas simples ni las recetas, ni los dogmas, pues el reto es un nuevo reto. También el reconocer la experiencia acumulada por la humanidad.


Esta etapa (con sus posibilidades) es una etapa más de la marcha humana hacia la comprensión de lo que es como especie, aceptando que en esta dimensión en la que se manifiesta nuestra vida y la de nuestro entorno es sólo un espacio donde se dirimen las leyes que rigen lo más grande que nos unifica (lo trascendente, el alma, la vida, lo innombrable por desconocido y por incomprensible…), en un universo multidimensional y sin límites que está plenamente intracomunicado.

Entramos en una nueva era en servicios de telecomunicación


La convergencia de redes y servicios genera nuevas utilidades que se imponen en el mercado

La sociedad se encuentra ante una nueva era en servicios de telecomunicación, nacida de las infraestructuras y tecnologías desplegadas en el último decenio con grandes inversiones que los operadores deben devolver, según un estudio de Enter. Soluciones como la de VoIP o el ‘Sólo Móvil’ triunfan en el mercado proporcionando grandes oportunidades a los usuarios aventajados y beneficios sostenibles para los operadores.
Por Gloria Navas.


Fuente: Cuántalis Europa



La sostenibilidad en el sector de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y la competitividad en las empresas mejorarán en los próximos años gracias a la convergencia de redes y servicios de telecomunicación, ya disponibles para un uso determinado, pero que pueden dar lugar a nuevas utilidades. Así se pone de manifiesto en el último informe elaborado por Enter, el Centro para el Análisis de la Sociedad de la Información y las Telecomunicaciones de IE Business School, hecho público hace unos días.
Desde el punto de vista del usuario, estas ofertas suponen una gran oportunidad de incrementar el valor para el negocio (por cuestiones de movilidad), mejorar su gestión interna (altas y bajas de usuarios) y reducir drásticamente sus costes totales (los fijos y los no discrecionales).

Desde Enter insisten en que la sociedad se encuentra ante una nueva era en servicios de telecomunicación, nacida de las infraestructuras y tecnologías desplegadas en el último decenio con grandes inversiones que los operadores deben devolver. De hecho, soluciones como la VoIP o el ‘Sólo Móvil’, triunfan en estos momentos en el mercado proporcionando grandes oportunidades a los usuarios aventajados y beneficios sostenibles para los operadores.


Fuente Cuántalis Europa


‘Sólo Móvil’

‘Sólo Móvil’ (Only Mobile), conocida en el mercado como ‘Oficina Móvil’ (Vodafone) o ‘Todo Móvil (Telefónica), es un servicio convergente que consiste en eliminar las comunicaciones fijas con sus infraestructuras y sustituirlas por móviles, pudiendo mantener la numeración fija deseada y una funcionalidad similar a las centralitas para un grupo definido de usuarios.


Está especialmente indicado para los casos de pequeñas empresas o de redes de oficinas atomizadas geográficamente, aunque existen instalaciones con varios cientos de usuarios en una misma sede a pleno rendimiento. Las principales ventajas de este servicios son la movilidad de los usuarios y la mejora de los costes para la voz fija, que en estos momentos, se sitúan alrededor del 50 por ciento, sin realizar inversión alguna y sin costes fijos de mantenimiento para del cliente. Adicionalmente, y como consecuencia de una mayor contratación con el operador móvil, se podrían lograr algunos puntos extras de mejora sobre el coste total.


El ‘Sólo Móvil’, provisto por los operadores móviles con acceso a numeración fija, tiene su continuidad en los servicios de acceso móvil de alta velocidad, como el LTE (Long Term Evolution), ya operativo en 500 Mbps. Con estas ofertas, los operadores móviles buscan incrementar el ARPU en sus clientes con nuevas aplicaciones y servicios, además de acceder al mercado de la voz fija y de los datos de sus competidores de redes fijas.


VoIP


La voz sobre IP ha sido otro de los casos que más impacto ha tenido en el mercado. Consiste en una aplicación informática que permite la comunicación bidireccional y simultánea de voz utilizando para ello un ancho de banda de un servicio de transmisión de datos con TCP/IP con la calidad necesaria garantizada. Se consigue, así, la integración del servicio de voz en la red de datos empresarial y ofrece beneficios relacionados con la gestión, la simplificación de las infraestructuras y la reducción del coste total de propiedad.


A precios de final de 2008, las mejoras alcanzadas podían llegar al 50 por ciento. En la actualidad, estos márgenes se han reducido como consecuencia de la erosión de las tarifas de voz por la presión competitiva y por la irrupción de otros servicios convergentes.
Según el informe presentado por Enter, los casos de ‘Sólo Móvil’ y VoIP no son más que un ejemplo de oportunidades de negocio, que constituyen el comienzo de una carrera excitante entre operadores, vendedores de tecnología y de aplicaciones, para desarrollar y cubrir nuevas necesidades en el entorno personal y profesional. Si a esto se le añade la necesaria evolución de las reglas que regulan este mercado, los usuarios dispondrán de una oferta de valor al mejor coste que contribuirá tanto a la mejora de la competitividad, como a la sostenibilidad del sector TIC.


Este proceso de convergencia se produce como consecuencia de la creación de una serie de redes y servicios entre los que se encuentran la red de transporte de gran ancho de banda, el ‘enrutamiento’ en IP con calidades de servicios diferenciadas o la voz que se transmite por estas redes IP, cuyo uso se ha extendido por la consolidación de la SIP (Session Initiation Protocol). Como resultado de esta fase inversora se dispone hoy de una oferta amplia de infraestructuras, redes y servicios operados por compañías eficientes, que ya han superado un primer ciclo de consolidación.
Autor del artículo:
Gloria Navas Jiménez




La realidad sin fronteras es el nuevo paradigma del conocimiento social


El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe.
Existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras.
Por Alicia Montesdeoca.
Trascendance. Judith Goldstein.


La sociedad, tal y como hoy se percibe y se explica, es una trampa que atrapa en su sistema a sus miembros. Todo es tan previsible, todo está tan racionalmente explicado y justificado, que hace preguntarnos: ¿dónde está la vida? ¿Cómo se abren las grietas de esta armadura social para que ella emerja con su fuerza renovadora? ¿Cómo se manifiesta en los individuos, aunque estos se conduzcan como si no existiese su impulso creador?


Otra cuestión, que por obvia suele soslayarse, es la que nos hace preguntarnos de quién y de qué hablamos cuando decimos “sociedad hoy”. En una sociedad compleja como en la que vivimos, abierta, plural, con modelos democráticos, más o menos admitidos y más o menos desarrollados, modelos que son contemporáneos de otras formas de organización social que responden a la diversidad social mundial, no podemos hablar en singular cuando nos referimos a ella: si hay otros mundos, todos están dentro de nuestro mundo; si hay otras sociedades, todas están dentro de nuestra sociedad; si podemos hablar de etapas históricas humanas, todas las estamos viviendo simultáneamente.


Por lo tanto, hemos de ser conscientes de la domesticación que padece nuestra mirada, obsesionada en la creación de una teoría cuyo objetivo principal es alcanzar una explicación que le sirva como único mapa, para colocarlo encima de esta realidad social tan diversa, aplastándola al pretenderla ajustar al molde teórico creado, a pesar de que ella se desborda por todos los costados, pues no hay una explicación única del mundo, y todas las que existen guardan relación entre sí, todas explican la realidad, de alguna manera, y en todas las explicaciones está la verdad que se perseguía.

¿Y qué es el ser humano? ¿Sólo un producto de la sociedad? ¡Triste suerte la de ese ser y la de esa sociedad que así se construye!: crea una jaula de hierro, se mete en ella, cierra con llave y tira la llave fuera de la jaula. Esta dinámica origina serias contradicciones, ¿Cómo se resuelven? Acumulando sobre ellas cascotes que las ocultan. ¿Y el dolor que produce? ¿Hacia dónde conduce el hambre, la enfermedad, la muerte, las guerras? ¿La persistencia de las desigualdades, no es suficiente motor para provocar una reflexión distinta de aquella que se limita a escribir la crónica de lo que observa?
Esta actitud positivista hace perder pronto la inquietud por la pregunta permanente y lleva a generar un espíritu conservador, ante el pequeño reto que supone llegar a la cúspide de una simple meseta. Todo parece terminar cuando ese espíritu se asienta sobre una conclusión teórica (con pretensiones de explicarlo todo), fría y distante, y que en su elaboración ha huido de contaminarse, pretendiendo, con ello, ser objetiva.

Sin embargo, el posicionamiento que adoptamos en este análisis es el de situarlo en la misma perspectiva en la que se sitúa esta autora: descubriendo y reconociendo las peculiaridades del propio ángulo. Un ángulo que está fundamentalmente dominado por lo “sensible”. Es éste, también, la perspectiva para vivir individualmente, y en sociedad, de esta mujer que habla desde su feminidad, desde su maternidad, desde la esperanza y la creencia en que la vida nos crea, nos conduce y nos protege, si asumimos sus leyes como patrones para vivir y convivir.



El instinto como aliento de vida


Esta posición le lleva a sentir y pensar que es el instinto el aliento de la vida. El mismo impulso que conduce los comportamientos en los grandes conflictos y en los acontecimientos cotidianos, y que en las mujeres parece estar más en la epidermis. Ellas son, principalmente, las que tratan de conservar y de defender la vida: son las mujeres de la “Plaza de Mayo”, que no se rinden; son las mujeres del “Tercer Mundo”, que luchan por sus descendencias contra las hambrunas, las enfermedades y las guerras que les esquilman; son las mujeres del “Primer Mundo”, llenas de contradicciones porque no terminan de asumir el modelo modernista que se les propone o se les impone. Todas, y a pesar de todo, poniendo en evidencia que existe una fuerza distinta que no se deja domesticar, aunque las apariencias traten de ocultar esta verdad.


Por eso, no voy a hablar de mí como mujer, voy a ser mujer para hablar de la fuerza de la vida que se manifiesta y que sostiene la realidad social. A través de este modelo trato de evidenciar a esa fuerza (la vida) que se quiere domesticar a través de las religiones, las ideologías, la ciencia y la tecnología. Ella aparenta dejar hacer hasta la saturación de las contradicciones generadas por aquellos modelos que pretenden construir al ser humano sólo como “sujeto pensante”.


Y, así, hemos llegado a una sociedad en la que una parte ha alcanzado importantes niveles de desarrollo, de comodidad, de saturación de objetos y de servicios y, también, ha “logrado” una importante y grave desconexión del mundo sensible. Sin embargo, la vida sigue latiendo y, si queremos, podemos descubrir su juego mirando transversalmente toda esa acción humana.


De otra manera, a la vida sólo la vamos a poder observar en su forma “salvaje”; allí donde los acontecimientos y las contradicciones se han agudizado; allí donde las sociedades nuevas tratan de sobrevivir, y observar qué savia emerge (nueva o vieja, la única) para renovar el mundo; allí donde, aún, las formas tradicionales de relación, y los valores que atesoran, no se han ocultado en la lucha por obtener lo material.


Lo que se reivindica, en esta forma de buscar conocimiento, no es una petición que encierra un “déjame mirar y déjame expresarme”. La propuesta es: observa como miro; escucha lo que expreso; reflexiona cómo interpreto la realidad que vivo, detrás de ello hay una vivencia individual fruto de una experiencia colectiva, una búsqueda permanente de respuestas sobre la verdad, aunque ésta siempre esté sugiriéndose y sepamos que no se va a manifestar en su totalidad.


Actuar desde el corazón


Por eso, quiero permitirme actuar según sea el impulso que nace desde el corazón y desde las entrañas, y que la cabeza le dé sólo la forma para expresar el saber que siento. Es decir, el conocimiento como certezas que fluyen a través de los poros y que no proceden de la racionalización, sino de una especie de memoria acumulada en el cuerpo, la cual se despierta ante estímulos que conectan con la esencia del universo, haciéndonos participar, por unos instantes, de algo inmenso que no se puede atrapar, pero que como una brújula orienta nuestra búsqueda de esas certezas.


Para ello observo la realidad construyéndose en un eterno movimiento. Movimiento que identifico como un proceso y que tiene que verse como etapas de un ciclo entre vida y muerte. Un ciclo que puede ser expresado como ciclos vitales, o como ciclos temporales o ciclos espaciales... o todos a la vez, pero que nos han de descubrir el punto en el que se encuentran las realidades que estamos observando y que estamos viviendo, porque el observador o la observadora, de esa realidad, está íntimamente dentro de ese proceso: es el investigador parte de lo investigado.
En realidad es la experiencia vital la que sirve de medio para que el proceso se ponga en marcha, se materialice. Esto, necesariamente, lleva al actor a sentir que es un factor involucrado en el juego del proceso, un proceso que es interno y externo. Así, al analizar aquello que enfoca, ve y conoce su realidad interna. Es decir, mira aquello que le habla de sí mismo, y en su actuar crea una realidad que interacciona con la de los otros, y que propicia una nueva que le devuelve una mayor perspectiva, y una profundización mayor de qué es y quién es.



La fuente de la acción consciente


Con todo esto, lo que se pone en evidencia es la fuente desde donde nace la acción consciente. Es una fuente interna que se nutre y se renueva constantemente. Si se pierde de vista esta perspectiva interna, se pierde o se adormece la creatividad, y se le cede el protagonismo al objeto, y el objeto no tiene por qué estar conectado con la vida, porque el objeto del que se habla es aquel que ha sido creado por el actor: él no se crea.


Dos compromisos mueven esta perspectiva: uno como socióloga. Este compromiso me impulsa a adoptar una posición determinada para analizar la sociedad desde la esperanza, observando aquellos procesos que dan sentido a la construcción de la vida social, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de aquellos valores que permiten una interacción más justa y solidaria, y una posibilidad para el futuro.

El segundo compromiso, como creadora, tratando de construir un discurso que hable de la esencia que moviliza la voluntad de hacer del alma, un alma que hace latir su creación y que ama lo que crea porque siente la necesidad de estar viva, la necesidad de vivir, totalmente, las experiencias vitales humanas: experiencias de placer y de dolor, de nacimiento, y también de muerte. Con todo ello nosotros contamos para construir una reflexión que nos lleve a la comprensión del sentido de nuestra acción, compartiendo con los demás, sin reparos, vivencias, encarnación y teorías.


Esto parte de la creencia de que existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias, se arropa de distintas maneras, se justifica con distintos ideales y se argumenta de distintos modos. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo.


“La trascendencia es como un ímpetu que se difunde en todo sentido, que acaso se realiza en largos trayectos de manera seguida y continua, pero sin que esta continuidad constituya para ella la ley” (...): “ser es trascender”, resume Francisco Romero. (...) “El trascender llega a su pureza y perfección, continúa este autor, en cuanto trascender hacia los valores, en cuanto limpio y veraz reconocimiento y ejecución de lo que debe ser” (...)


Por eso, lo importante, en todo análisis, es ir al fondo de cualquier argumentación, tratar de dar con aquella corriente interna que impulsa la corriente de la superficie, y que adopta la forma cultural que en ese momento histórico sea determinante para alimentar la intención profunda que motivan las acciones. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien.


Fijados en esta posición, vayamos a tratar de aprovechar aquellas luces que encendieron la intención de trascendencia de cualquier teoría, sin enredarnos en aquellas ya integradas, aceptando que las que hoy nos sirven como explicación a los hombres y mujeres de este siglo, mañana serán vistas como insuficientes, y sólo quedará como válido aquel intento de buscar respuestas a las inquietudes eternas que anidan en el pecho de los individuos, y que se manifiestan con distinto ímpetu en cada época, según sean los valores que se hayan establecido, haciendo que nos sintamos un solo y único corazón que late en el mismo cosmos. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras.
Autor del artículo:
Alicia Montesdeoca.