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Saturday, August 07, 2010


La fuente de la acción consciente


Con todo esto, lo que se pone en evidencia es la fuente desde donde nace la acción consciente. Es una fuente interna que se nutre y se renueva constantemente. Si se pierde de vista esta perspectiva interna, se pierde o se adormece la creatividad, y se le cede el protagonismo al objeto, y el objeto no tiene por qué estar conectado con la vida, porque el objeto del que se habla es aquel que ha sido creado por el actor: él no se crea.


Dos compromisos mueven esta perspectiva: uno como socióloga. Este compromiso me impulsa a adoptar una posición determinada para analizar la sociedad desde la esperanza, observando aquellos procesos que dan sentido a la construcción de la vida social, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de aquellos valores que permiten una interacción más justa y solidaria, y una posibilidad para el futuro.

El segundo compromiso, como creadora, tratando de construir un discurso que hable de la esencia que moviliza la voluntad de hacer del alma, un alma que hace latir su creación y que ama lo que crea porque siente la necesidad de estar viva, la necesidad de vivir, totalmente, las experiencias vitales humanas: experiencias de placer y de dolor, de nacimiento, y también de muerte. Con todo ello nosotros contamos para construir una reflexión que nos lleve a la comprensión del sentido de nuestra acción, compartiendo con los demás, sin reparos, vivencias, encarnación y teorías.


Esto parte de la creencia de que existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias, se arropa de distintas maneras, se justifica con distintos ideales y se argumenta de distintos modos. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo.


“La trascendencia es como un ímpetu que se difunde en todo sentido, que acaso se realiza en largos trayectos de manera seguida y continua, pero sin que esta continuidad constituya para ella la ley” (...): “ser es trascender”, resume Francisco Romero. (...) “El trascender llega a su pureza y perfección, continúa este autor, en cuanto trascender hacia los valores, en cuanto limpio y veraz reconocimiento y ejecución de lo que debe ser” (...)


Por eso, lo importante, en todo análisis, es ir al fondo de cualquier argumentación, tratar de dar con aquella corriente interna que impulsa la corriente de la superficie, y que adopta la forma cultural que en ese momento histórico sea determinante para alimentar la intención profunda que motivan las acciones. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien.


Fijados en esta posición, vayamos a tratar de aprovechar aquellas luces que encendieron la intención de trascendencia de cualquier teoría, sin enredarnos en aquellas ya integradas, aceptando que las que hoy nos sirven como explicación a los hombres y mujeres de este siglo, mañana serán vistas como insuficientes, y sólo quedará como válido aquel intento de buscar respuestas a las inquietudes eternas que anidan en el pecho de los individuos, y que se manifiestan con distinto ímpetu en cada época, según sean los valores que se hayan establecido, haciendo que nos sintamos un solo y único corazón que late en el mismo cosmos. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras.
Autor del artículo:
Alicia Montesdeoca.


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