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Saturday, August 07, 2010



La realidad sin fronteras es el nuevo paradigma del conocimiento social


El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe.
Existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras.
Por Alicia Montesdeoca.
Trascendance. Judith Goldstein.


La sociedad, tal y como hoy se percibe y se explica, es una trampa que atrapa en su sistema a sus miembros. Todo es tan previsible, todo está tan racionalmente explicado y justificado, que hace preguntarnos: ¿dónde está la vida? ¿Cómo se abren las grietas de esta armadura social para que ella emerja con su fuerza renovadora? ¿Cómo se manifiesta en los individuos, aunque estos se conduzcan como si no existiese su impulso creador?


Otra cuestión, que por obvia suele soslayarse, es la que nos hace preguntarnos de quién y de qué hablamos cuando decimos “sociedad hoy”. En una sociedad compleja como en la que vivimos, abierta, plural, con modelos democráticos, más o menos admitidos y más o menos desarrollados, modelos que son contemporáneos de otras formas de organización social que responden a la diversidad social mundial, no podemos hablar en singular cuando nos referimos a ella: si hay otros mundos, todos están dentro de nuestro mundo; si hay otras sociedades, todas están dentro de nuestra sociedad; si podemos hablar de etapas históricas humanas, todas las estamos viviendo simultáneamente.


Por lo tanto, hemos de ser conscientes de la domesticación que padece nuestra mirada, obsesionada en la creación de una teoría cuyo objetivo principal es alcanzar una explicación que le sirva como único mapa, para colocarlo encima de esta realidad social tan diversa, aplastándola al pretenderla ajustar al molde teórico creado, a pesar de que ella se desborda por todos los costados, pues no hay una explicación única del mundo, y todas las que existen guardan relación entre sí, todas explican la realidad, de alguna manera, y en todas las explicaciones está la verdad que se perseguía.

¿Y qué es el ser humano? ¿Sólo un producto de la sociedad? ¡Triste suerte la de ese ser y la de esa sociedad que así se construye!: crea una jaula de hierro, se mete en ella, cierra con llave y tira la llave fuera de la jaula. Esta dinámica origina serias contradicciones, ¿Cómo se resuelven? Acumulando sobre ellas cascotes que las ocultan. ¿Y el dolor que produce? ¿Hacia dónde conduce el hambre, la enfermedad, la muerte, las guerras? ¿La persistencia de las desigualdades, no es suficiente motor para provocar una reflexión distinta de aquella que se limita a escribir la crónica de lo que observa?
Esta actitud positivista hace perder pronto la inquietud por la pregunta permanente y lleva a generar un espíritu conservador, ante el pequeño reto que supone llegar a la cúspide de una simple meseta. Todo parece terminar cuando ese espíritu se asienta sobre una conclusión teórica (con pretensiones de explicarlo todo), fría y distante, y que en su elaboración ha huido de contaminarse, pretendiendo, con ello, ser objetiva.

Sin embargo, el posicionamiento que adoptamos en este análisis es el de situarlo en la misma perspectiva en la que se sitúa esta autora: descubriendo y reconociendo las peculiaridades del propio ángulo. Un ángulo que está fundamentalmente dominado por lo “sensible”. Es éste, también, la perspectiva para vivir individualmente, y en sociedad, de esta mujer que habla desde su feminidad, desde su maternidad, desde la esperanza y la creencia en que la vida nos crea, nos conduce y nos protege, si asumimos sus leyes como patrones para vivir y convivir.


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